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viernes, 4 de enero de 2019

ROGER, o el dolor de los humildes en el tránsito hacia el año 2019

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Roger tenía seis meses y lo conocimos en el ataúd. Habíamos ido a otro velorio, para rezar, en uno de esos lugares donde se refugia el hacinamiento, la desnutrición y la violencia, en la ciudad de Iquitos. Uno de esos barrios donde acostumbramos a hacer chocolatadas, pero una vez pasada la Navidad olvidamos de nuevo. El día anterior habíamos rezado en la misma calle a un hombre que habían asesinado, probablemente para robarle, según nos contó un sobrino. En dos días tres velorios en la misma calle.



Una calle donde faltan recursos: espacio para jugar, colegios, postas médicas... Era ya tarde y no pasaba ningún motocarro para regresar a casa. Así que nos pusimos a caminar en la noche. De repente una mujer nos llama. Nos volteamos. Nos solicita rezar por un niño. ¿Qué ha pasado? Es un bebé de 6 meses, ha tenido neumonía. A media noche le llevaron al hospital, no le atendieron. Al día siguiente a medio día estaba falleciendo. “No le atendieron por falta de personal”, eso nos comentó su mamá con lágrimas en los ojos y voz entrecortada.

Es lamentable que tenga que morir un bebé de 6 meses. Y siendo lamentable, puede ser leído también como un síntoma. Esto señala la falacia del crecimiento económico, que no se nota en Loreto. Puede ser cierto que no hubiera personal suficiente en el hospital, lo cual apunta hacia la precariedad de nuestro sistema sanitario. Lo cierto es que nos deshumanizamos, no sentimos el dolor ajeno, sobre todo si es de la gente pobre y humilde.

La casa donde estaban velando a Roger es de madera, con techo bajo de calamina y piso de tierra. Como tantas casas de gente humilde que permanecen en la ciudad para que sus hijos salgan adelante. La calle está asfaltada [con huecos, por supuesto], pero contigua a otras de tierra o directamente inundables.

Rezamos, y nos acompañan algunos familiares en los rezos. La madre tiene a una niña en brazos, arropándola en un gesto de ternura. A mitad de la oración la madre se echa a llorar, el padre la abraza y se sobreponen al dolor. Un gesto de ternura en medio del sufrimiento. Finalizamos la oración y al concluir la última canción la madre nos pide que bendigamos a la niña que tiene en brazos. Le imponemos las manos a la niña y a la madre. Y pedimos la bendición de Dios para esta familia.

Escribimos esto porque Roger no es noticia. No será llorado más allá de sus familiares directos, aunque refleja muchas situaciones en la ciudad. Una familia de clase media, con mayores recursos, hubiera salvado a su hijo. De lo contrario, habría presión para que algún responsable dimitiera [incluido el ministro de salud]. Pero la falta de recursos, económicos y simbólicos [manejarse dentro de un hospital], los rasgos indígenas y el “saber que así es la vida”, porque no hay oportunidades, se conjuraron para finalizar en la muerte.

Cuando faltan recursos los primeros en padecerlos son los pobres [utilizamos la expresión “pobres”, que no nos gusta por ser demasiado genérica, aunque preferiríamos utilizar la palabra “indígena”, pero seguramente la familia, huyendo de la discriminación brutal, no se identifique como tal].

Ir al hospital es tomar una opción por un sistema sanitario [occidentalizado y occidentalizante], en detrimento de otros sistemas sanitarios [chamanismo]. El manejo del tiempo es crucial. Las familias deciden cuándo, en qué momento, acuden a un sistema o a otro. En este sentido, las familias utilizan ambos sistemas como complementarios. Pero si llega la muerte, como en este caso, se dispara la culpabilidad. ¿Hemos tomado la mejor opción?

Hay otro rasgo que merece ser tenido en cuenta. ¿Realmente se puede dejar morir a un niño en un hospital por falta de personal sanitario? Es difícil de creer. Acá está otro rasgo definitorio de la colonialidad. Somos independientes, pero la economía y el poder está en manos, y al servicio, de los de siempre. Se sigue privilegiando a los que tienen piel más blanca [o menos indígena, como prefieran], mayores grados de instrucción [que no educación] y saben manejarse mejor en los pasillos de un hospital.

¿Dónde se entierra a un niño de familia humilde? Por la carretera Iquitos-Nauta. Enterrar a un difunto es demasiado caro. Las familias humildes tienen que poner mucha distancia con sus muertos porque no pueden pagar un lugar donde enterrarle. Por mientras nuestros políticos solicitan bendición. Nosotros recordamos la necesidad de “buenas prácticas” como condición ineludible para recibir la bendición, sobre todo a quienes dicen servir a la población.

“El alma de Roger y de todos los fieles difuntos, por la misericordia de Dios, descansen en paz. Amén”.

[Y, por mientras, aquí en la tierra, que tengamos un corazón de carne y seamos sensibles al padecimiento injusto, además de buscar transformar esta dura realidad].

martes, 10 de julio de 2018

A VUELTAS CON LAS CIUDADES AMAZÓNICAS. Notas sobre el sínodo panamazónico.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


“Actualmente entre el 70% y 80% de la población de la Panamazonía reside en las ciudades”, afirma el documento preparatorio para el Sínodo Panamazónico. En otras palabras: la situación de la Panamazonía se juega en las ciudades. Nada novedoso: según el Banco Mundial[1] la población urbana mundial en 2017 está en torno al 55%. Recorriendo los países panamazónicos nos encontramos con la siguiente población urbana: Perú (79%), Brasil (86%), Colombia (77%), Ecuador (64%), Venezuela (89%), Surinam (66%), Guyana (29%), Guayana Francesa (sin datos) y Bolivia (69%).

© Miguel Angel Cadenas 2017. Comunidad cristiana en el puerto fluvial de Masusa - Iquitos.


Pero centrémonos en el documento preparatorio para el Sínodo Panamazónico[2].  Las palabras ‘ciudad’, ‘urbano’ y ‘metrópoli’ aparecen únicamente en la primera parte del documento: en el ver. Todo esto nos está indicando la falta de cohesión interna del documento. En otras palabras: que tiene varias manos. De hecho es notoria la diferencia entre las partes.

-          La palabra ‘ciudad’ aparece una primera vez en el primer párrafo del preámbulo y las cinco veces restantes en dos párrafos del ver dedicados a la ‘diversidad socio-cultural’. Daría la sensación que han sido colocados a propósito, pero no parecen permear todo el documento, como nos hubiera gustado que sucediera.

-          ‘Urbano’ aparece en 5 ocasiones. Tres de ellas aparecen en el ver. Dos de ellas en el epígrafe sobre ‘diversidad socio-cultural’ y uno en ‘identidad de los pueblos indígenas’. Las dos veces restantes aparecen en las preguntas sobre el ver.

-          ‘Metrópoli’ aparece una sola vez en el preámbulo.

Se nos dice que el crecimiento de las ‘ciudad(es)’ en la amazonía ‘ha sido muy rápido’. Se cita a ‘migrantes’ y ‘desplazados’ que se han ubicado en sus periferias y que ‘avanzan hacia dentro de la selva’. Se habla de las ‘desigualdades sociales’ y de la ‘producción de la pobreza’. Con el término ‘urbano’ se añade a lo anterior un ‘desarrollo’ no ‘integral’ ni ‘inclusivo’. Y lo que nos parece más novedoso: ‘aparece una nueva categoría constituida por los indígenas que viven en el tejido urbano, algunos reconocibles como tales y otros que desaparecen en ese contexto y por ello son llamados invisibles’. La palabra metrópoli aparece en el preámbulo sin mayores pretensiones.

Cada una de estas afirmaciones daría para comentarios enjundiosos, pero no podemos hacerlo en este espacio. Es interesante que en un documento preparatorio se perciba cómo las ciudades avanzan hacia el interior de la selva y cómo la pobreza es una construcción social e histórica, algo que es producido. Nos gusta especialmente la ‘nueva categoría’ de indígenas que viven en el ‘tejido urbano’, incluso aunque sean ‘invisibles’. Tejer es una poderosa metáfora que en la Amazonía adquiere dimensiones especiales. Todos los pueblos indígenas han tejido por miles de años con hojas de palmera, algodón… No estamos tan de acuerdo que sea una ‘nueva’ categoría. Un único ejemplo: aunque la ciudad de Iquitos, desde donde escribimos, pretenda remontar su origen a un puerto de la Marina de Guerra del Perú, que sin duda tiene su importancia, no se puede tapar el sol con un dedo. En su mismo nombre aparece el pueblo indígena ikito, que fue desplazado, agredido e invisibilizado.

Sería el momento de definir las palabras. Qué entendemos por ciudad, urbe y metrópoli. No se trata únicamente de copiar las definiciones de estas palabras provenientes de algún diccionario. En la selva tienen connotaciones propias. Pero esto nos llevaría muy lejos. Así que vamos a ver únicamente dos puntos que nos permitan aportar nuestra contribución.

Nos atrevemos con un desplazamiento que nos permita mirar desde fuera. Reflexionando sobre una ciudad actual no amazónica se dice lo siguiente: “es un agregado indígena y noindígena -un circuito de conexiones que no forman una unidad homogénea, pero donde los fragmentos que la componen aparecen en cada otro, incluso aunque ellos sean también diferentes. En consecuencia,… la distinción entre ‘yo colonial’ y el ‘otro colonizado’ no excluye otras similaridades, incluso si la distinción está repleta con el poder de las diferencias y las jerarquías sociales violentas”.

Nos parece una descripción tan redonda que renunciamos a comentarla. Pedimos al lector que se pare un poco a pensar cada una de las afirmaciones que se hace en ella. Se refiere a la ciudad de Cuzco. No se trata de pensar la amazonía desde la sierra, lejos de nosotros. Los indígenas de Cuzco, el mismo trazado urbano de la ciudad, y las temporalidades que en ellas habitan, son absolutamente diferentes de las ciudades amazónicas. A nosotros nos hubiera gustado dar con una definición similar para la ciudad de Iquitos donde vivimos. La autora de dicha descripción es una antropóloga peruana afincada en Estados Unidos: Marisol De la Cadena. Sus afirmaciones sobre ‘cosmopolítica’ nos parecen muy acertadas, aunque no nos detendremos más en ella.

La otra referencia que nos parece sugerente proviene de Cecilia McCallum, una antropóloga que trabaja con los Cashinahua o Huni Kuin. Refiriéndose a los jóvenes habla de un ‘compromiso poliontológico’: los jóvenes ya no tienen un sentido pragmático o estratégico de los idiomas nacionales, sino que están inmersos en un ‘compromiso poliontológico’. Puede verse nuestro post: http://almainconstante2.blogspot.com/2018/04/poli-ontologia-poli-que-hacia-el-sinodo.html

En las ciudades se juega el futuro de la evangelización de la Amazonía. Si la Iglesia continúa teniendo una visión occidental de la amazonía, el sínodo panamazónico nacerá muerto. Mucho nos tememos que la Iglesia se sienta cómoda en las ciudades, donde aplica una pastoral pensada en otros espacios y otros tiempos. Pensar la ciudad es un imperativo para la Iglesia actual. Pero no se trata de pensar la ciudad en general, sino de las ‘ciudades amazónicas’ en concreto, donde el ‘tejido urbano’ posee características propias. ¿Cuántas iglesias son adornadas con patiquina [Dieffenbachia obliqua]? Lo hemos visto en la catedral de Iquitos en varias Semanas Santas. ¿Cuántos cristianos comulgan con sus dedos índice y pulgar como una ‘apropiación de lo extraño’? ¿Cuántos cristianos recibimos la comunión y negamos la territorialidad integral de los pueblos indígenas o justificamos la no existencia de indígenas aislados para favorecer a las industrias extractivas y la expansión de este capitalismo voraz? ¿Cuántas familias carecen de agua potable y desagüe? ¿Cuántas personas están privadas de libertad sin comprender los razonamientos occidentales por los cuales les han llevado a la cárcel? ¿Cuándo tenemos en cuenta los sueños en nuestra pastoral? ¿Cuándo nos hemos parado a pensar que los sacerdotes, obispos… somos vistos como chamanes? ¿Cuántas familias tienen a parte de sus miembros en los ríos amazónicos y otra parte en la ciudad para comerciar con especies nativas de pescado, madera, aguaje…? En fin, pensar la ciudad amazónica y la poli-ontología nos parecen dos aspectos dignos de ser tenidos en cuenta.

Buscar una solución a la eucaristía en lugares donde no hay sacerdote puede ayudar mucho a la Iglesia amazónica. Pero tengamos en cuenta que eso, con ser importante, puede dejar a la Iglesia amazónica intacta dado que la mayoría de sus cristianos habitan en las ciudades. Por tanto, no se trata únicamente de resolver esta difícil situación de las comunidades más alejadas, como se concede un derecho a la diferencia en el multiculturalismo occidental, sino de proponer el cristianismo en medio de las poliontologías y dejarse permear por ellas, también en las ciudades.



martes, 22 de mayo de 2018

A MATTER OF JOURNEYING – Some Challenges for the Church from Indigenous Peoples

Pope Francis’ call for a “pan-Amazonian synod” fills us with joy. The word “synod” comes from a root meaning “journeying together.” And although we need the help of experts to guide us, it is important for all of us Christians to contribute what we can: our searching, our efforts, our errors and our successes in following Jesus, here, in the pan-Amazon. We believe it is necessary for as many people and institutions as possible to offer their knowledge, knowledge that springs from the heart, in the indigenous way of thinking. This gives us the courage to set down on paper some of the issues we would like to share. We do this with a dual purpose: first, because sharing ideas forces one to think about what is being shared, and second, to listen to others who want to contribute.

© Miguel Angel Cadenas, abril 2018. Via crucis en Masusa, puerto fluvial de Iquitos.

Journeying is a beloved metaphor for many Amazonian peoples. We will limit ourselves to the Kukama people, with whom we have journeyed together during part of our lives. The Kukama are a Tupí-Guaraní people who live in the lower reaches of the Ucayali, Marañón and Huallaga rivers, as well as on the periphery of Amazonian cities in Peru. We have accompanied the Kukama people on the Marañón River in Peru.

When a child is born, they say, “he is arriving” and “he arrived.” Similarly, when death nears, people experience it as a journey. When a person is dying, what actually happens, from the Kukama point of view, is that she takes leave of her relatives on earth and her deceased relatives come to take her to live with them. It is like changing families: from the relatives living on earth to the ones who are beyond death. If a person travels far away and falls out of touch, it is a form of social death, because he has ended his social relationships with those he knew. His name will never again be spoken in public. Usually, however, someone who goes far away stays in touch somehow. Cell phones have made that easier. With Peru’s economic growth, which has been concentrated on the coast, many Kukama have migrated from their communities to Lima or other coastal cities. They generally join some relative at their destination. With cell phones and wire transfers, the family continues to play an important part in their lives. It is a way of keeping social death at bay.

Distances and time have become compressed. Some people who have migrated to Lima return to the Marañón River to be treated by a shaman. And when their health is restored, they go back to their workplace. The matter of cell phones is delightful, as we found in the case of a Yagua family. The aunt lives in Iquitos and is a catechist in our parish. The grandmother lives in Pebas, downstream on the Amazon River in Peru, and the 20-something grandson lives in Lima. We’ve seen how the grandson talks in Yagua via WhatsApp with his grandmother, who uses the aunt’s cell phone when visiting her in Iquitos. This poses new challenges, including for the church. If we seek to “journey together,” we now have many more communication networks than we had just a few years ago. We need to know how to take advantage of the opportunities.

These networks, however, are not new. Long-distance trade has always been possible, even in pre-Columbian times. Examples include the use of Tikuna curare by groups on the upper Amazon, and the Ucayali and Napo rivers, and linguistic relationships among the Jibaro, Kichwa and Waorani.

One period of upheaval in the Amazon was the rubber era, which scattered many indigenous peoples. In the case of the Kukama, we know that a stream and a community in the department of Madre de Dios bear the name Cocama. We know the story of a Kukama woman who married a Kichwa from Pastaza and has lived ever since in Ecuador. It is known that part of the Kukama people relocated along the Amazon River, as there are Kukama settlements in Brazil and Colombia, as well as in Peru.

A pan-Amazonian synod must bear in mind these dispersions, which are the fruit of history; the church can help establish ties between members of the same peoples who live in different territories. Many people live on both sides of national borders. That makes the concept of a pan-Amazonia especially important. It breaks with the idea of the nation-state and establishes higher alliances. The church, a global institution, can again connect indigenous peoples who were broken apart by the configuration of nation-states and the hecatomb of rubber.

This “pan-Amazonian synod” raises questions for us, and we believe it is crucial that we all contribute what we can and establish more solid networks, where information can circulate more horizontally. We have planned a series of eight short essays, which will follow this introduction, and which will take a closer look at the issues that concern us. Obviously, there are many more topics, but that is the scope of this series.

For Amazonian peoples, everything has a spirit. What distinguishes some beings from others are their bodies. A second introductory note will look at how we became convinced of the need for an indigenous ministry and its importance for the church. We will consider various situations: The case of a woman who, on her deathbed, married “a broomstick,” which is perfectly understandable from an indigenous standpoint, although it puzzles us westerners. The case of another woman, who married on her deathbed in an effort to ward off sorcery; she was not successful, but at least she died in peace. Our accompaniment of several indigenous organizations in the case of the Amazonian hydrovia and the challenges posed by major infrastructure projects.

The questions and observations that have arisen in our discussions with seminarians, and challenges for the pan-Amazonian church. Intercultural (mis)understandings about the sacrament of Confession, so as to be able to accompany those who seek it, especially in cities, as a very large percentage of indigenous people live in Amazonian cities. The many twists and turns we have encountered while accompanying the Kukama people in their defense of a healthy environment in an oil-producing province. And a final essay about the devil in an urban neighborhood, a topic that does not receive the attention it deserves, and which for indigenous peoples involves an enormous challenge of “otherness.” There are many more topics to discuss, but we decided to begin with this short series of essays. We do not expect everyone to agree with us; that is not the purpose. Rather, we hope this will start a conversation among many people We hope that we will encourage one another to “journey together,” as the word “synod” calls us to do.

By: Manolo Berjón y Miguel Angel Cadenas
Translated by: Barbara Fraser

martes, 20 de marzo de 2018

BABEL. Una forma de ser Iglesia


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Babel, el videoclip realizado por radio Ucamara, apuesta por la diversidad. Siete pueblos indígenas: awajun, kandozi, wampís, kichwa, tikuna, shawi y kukama. Lenguas, tonos, expresiones corporales… diferentes. En la amazonía la pluralidad, la diversidad, es la norma. Para ser certero, el acercamiento del cristianismo a la amazonía debe recoger los desafíos propios de la diversidad de cristianismos que aparece en la biblia. Para nadie es novedad la gran bio y sociodiversidad reinantes en la Amazonía. Esta conjunción de diversidades nos ofrece el marco de la presencia de la Iglesia en este espacio. Anotamos dos características que nos parecen importantes, para continuar con una escueta interpretación de la Babel bíblica, y concluiremos con una breve nota sobre Radio Ucamara.



La primera de esas notas es sobre el mito. En el videoclip se hace referencia a la boa, a la lupuna… como parte de los mitos de origen del río en los diversos pueblos indígenas. El mito es una forma de pensamiento profundo que va más allá de la racionalidad occidental. En este sentido, el mito da que pensar. Ahora bien, los pueblos indígenas piensan con el corazón, lo que conlleva que el mito inunde todo el cuerpo y toda la vida, desembocando en una celebración. El videoclip Babel puede ser utilizado en amplios contextos, uno de ellos, será la fiesta. Una canción para celebrar. Es esta celebración la que envuelve el pensamiento, un pensamiento dirigido por el corazón. A pesar de las amenazas a la vida, o precisamente por ello, se acude a los mitos, como un afianzamiento de la vida. Un mover a la persona desde las entrañas. Un saber que recorre todo el cuerpo, que no deja indiferente. Un conocimiento que transforma. Acá reside, a nuestro parecer, parte del interés del videoclip. Y es una celebración en los esquemas de los pueblos indígenas. Frente a tantos discursos identitarios, muchas veces manipulados y huecos, Ucamara apuesta por el discurso de la alteridad, para celebrar con los pueblos indígenas en sus propios moldes culturales. Mitos indígenas en formatos jóvenes construidos por indígenas del siglo XXI. Nos parece reseñable esta apuesta de la Iglesia por la alteridad de los pueblos indígenas.

La segunda nota parte de nuestra fe en Jesús. Los primeros cristianos tuvieron que responder a las pretensiones totalizantes del emperador de la época. El emperador se presentaba como Kýrios, Señor. Y afirmar Señor, en el idioma griego del Nuevo Testamento, viene a ser una afirmación de la divinidad. Pues bien, San Pablo, entre otros, cuestionó abiertamente al emperador para defender que el único Kýrios es Jesús, nuestro Señor. Cambiemos al emperador por el desarrollo, el dinero, el poder… y tendremos otros pretendidos dioses que sacrifican vidas humanas en pos de su divinidad. Los cristianos de hoy continuamos respondiendo igual que San Pablo, Kýrios, el Señor, sólo es Jesús. La consecuencia es clara: los atentados contra la vida de los pueblos indígenas, contra el río, contra los ecosistemas amazónicos, son un atentado contra el propio Kýrios, nuestro Señor Jesucristo.

Centrémonos en el mito bíblico de la torre de Babel (Gn 11, 1-9). Lejos de defender la homogeneidad nos presenta la diversidad como su mejor interpretación. Babel es un mito en varios otros pueblos del oriente medio, del que también se hace eco la Biblia. Todo imperio quiere imponer “una misma boca”. Un texto asirio de la época, que expone la visión de Tiglat-Pilesar (1116-1190 a.C.), dice: “Desde el principio de mi reinado, hasta mi quinto año de gobierno, mi mano conquistó por todo 42 territorios y sus príncipes; desde la otra orilla del río Zab inferior, línea del confín, más allá de los bosques de las montañas, hasta la otra orilla del Eufrates, hasta la tierra de los hititas y el mar del Occidente, yo los convertí en una única boca, tomé rehenes y les impuse tributos”. De donde es fácil rescatar que tener “una sola boca” está unido a la toma de rehenes y la obligación de impuestos.

Todos los imperios construyen torres de Babel para intentar imponer “una sola boca”, “un solo labio”. Lo curioso del caso es que Dios destruye la torre, la pretensión de los imperios, y genera la diversidad de lenguas. En estos tiempos de imposiciones económicas, culturales, religiosas… es importante percibir que Dios apuesta por la diversidad. Y es esta diversidad a la que apelábamos al comienzo la que nos parece fundamental para acompañar a los pueblos indígenas, contra todo tipo de imperios. Un mito como Babel también nos debe ayudar a deconstruir el cristianismo como imperio. Los que apelamos a Jesús crucificado y resucitado por Dios no podemos pretender hacer del cristianismo un imperio. Sería una traición.

Vamos con Radio Ucamara. Es una radio perteneciente al Instituto de Promoción Social Amazónica, vinculado a la Iglesia Católica, en concreto, al Vicariato de Iquitos. Una radio que está emplazada en la ciudad de Nauta. Nauta es una pequeña ciudad amazónica en la región y departamento de Loreto, creada en 1830 por el cacique kukama Manuel Pacaya. Así damos cuenta del enclave indígena kukama de la radio.

Los kukama han sido denominados como “nativos invisibles”. Esta calificación pretende dar cuenta del proceso por el cual los kukama han tratado de defenderse de la discriminación reinante, por medio de la invisibilización. Pero han cambiado los tiempos y ahora la mayoría de las comunidades del bajo Marañón están reconocidas como comunidades nativas. También han sido denominados como ex-kukama. Con esta designación se pretende responder al hecho que muchos kukama actuales consideran que sus abuelos fueron kukama, pero ellos ya no lo son. En nuestra opinión, no vemos la necesidad de calificarlos como ex-. Es importante lo que dicen: “kukama era mi abuelo, yo ya no lo soy”. Pero también es necesario contemplar lo que hacen: ahora manejan peque peque, pero cuando no quiere funcionar el motor consideran que se ha rabiado y por eso no desea colaborar con su dueño. En fin, y para no dar más vueltas, nosotros consideramos que son kukama, pero en estos tiempos. Cambian los tiempos, cambian las identidades. Pero continúan siendo indígenas.

En los años 80 del siglo pasado la Iglesia Católica en Nauta comenzó un proceso de valoración de la lengua kukama. Un proceso que poco a poco fue madurando. En los años 90 comienzan a ser reconocidas las primeras comunidades kukama en el bajo Marañón. Al principio el recelo y el tener que afrontar la discriminación jugaban en contra. Con la llegada del milenio se intensifica esta tendencia. Poco a poco, y a medida que las comunidades vieron que las leyes indígenas les favorecían, fueron reconociéndose como indígenas y queriendo ser titulados como comunidad nativa. Actualmente la inmensa mayoría de las comunidades son reconocidas como comunidad nativa. En este proceso también ha tenido un rol protagónico el FORMABIAP (Formación de Maestros Bilingües de la Amazonía Peruana), un programa de AIDESEP con el ISEP Loreto (Instituto Superior de Educación Público), éste último dependiente del Ministerio de Educación.

Radio Ucamara apostó fuertemente por la realidad indígena. Incorporó la lengua kukama en los programas de radio y se posicionó como una radio indígena. Ha tenido participación en todos los procesos que involucran al pueblo kukama y es un referente de radio indígena. Los titubeos del comienzo pronto fueron disipados y apostó decididamente por su componente indígena.

Una idea básica es fortalecer a las personas. Una persona débil no puede ser independiente, y eso en la Amazonía es una gran desventaja. Por tanto, hacer que las personas sean y se sientan fuertes es la primera tarea de la Iglesia en la Amazonía. Que los muchachos de Babel canten en sus idiomas, y lo hagan con orgullo, es un paso hacia la fortaleza. Que nuestra confesión de Jesús como el Kýrios, nuestro Señor, nos acompañe.


Post Data:

El videoclip Babel fue posible gracias a la colaboración de la REPAM (Red Panamazónica), una institución de la Iglesia Católica de asesoramiento a la Iglesia en la Panamazonía, y dos instituciones aconfesionales: el Instituto Chaikuni y OEPIAP (Organización de Estudiantes de Pueblos Indígenas de la Amazonía Peruana).

Se puede acceder al videoclip Babel en las siguientes direcciones:
-          Subtitulado en castellano: https://www.youtube.com/watch?v=wC_KOxHHPhE
-          Subtitulado en inglés: https://www.youtube.com/watch?v=pZWVfYM-tYg
-          Subtitulado en portugués: https://www.youtube.com/watch?v=EUb6eRcScEw

lunes, 21 de agosto de 2017

RADIOGRAFÍA DE NUESTRO ÚLTIMO FIN DE SEMANA

Iquitos, 21 de agosto de 2017

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


Masusa es el puerto fluvial de Iquitos. Este fin de semana nos encontramos con un adolescente “endemoniado” y otra adolescente que se ahorcó hace 8 días. Desde 2016 las madereras, que están afincadas en Masusa, sacaron sus desperdicios de madera y rellenaron las calles, con permiso de las autoridades, por supuesto. Echaron una capa de tierra encima y listo. En la última creciente se podía caminar por la calle, aunque los bajos de las casas estén llenos de agua. Los caños están taponados y no hay desagües. Se ha invisibilizado el problema. No se recoge la basura, excepto en la calle principal que lleva al puerto. Nos hemos encontrado niños que no acuden al colegio, aunque son más los adolescentes que abandonan los estudios. Los locales de inicial en Masusa no cumplen los requisitos mínimos: falta de espacio, hacinamiento. Debajo de un establecimiento de salud en Masusa se acumula el agua estancada y la basura. El jueves 17 se reunió una de sus juntas vecinales. Cuando pasamos por ahí estaban discutiendo sobre el serenazgo. Hay un puesto policial, pero no sirve para nada. Continúan vendiendo drogas, pero ahora delante de la policía.

Foto tomada de internet

Son personas increíblemente “fuertes” que les suceden acontecimientos duros, muy duros, y merecen más atención. Sería conveniente buscar personas resilientes y fortalecerlas. Somos conscientes que aunque escribamos sobre ellos difícilmente cambiarán las condiciones en las que viven. El lenguaje sobre “endemoniados” esconde asimetrías de poder y explotaciones de todo tipo. Decodificar estas situaciones permite intervenir. Rezar lo complementa. En el pensamiento indígena, cuando una persona está aislada y/o debilitada es fácil que sea visitada por espíritus que le invitan a transformarse: convertirse en otro espíritu (pasando por la muerte). Por eso es fundamental el contacto con humanos, afianzar la perspectiva humana. El suicida ha completado la transformación. Por eso hay que intervenir antes. Lo más probable es que esta nota no cambie nada, pero que no quede por lo que a nosotros respecta.

Haremos un pequeño repaso de este fin de semana pasado: viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de agosto de 2017. Comenzaremos por el viernes 18. Como todos los días, comenzamos rezando laudes a las 6.30 a.m. Concluyendo el rezo nos hemos puesto a ver las noticias, el día anterior fueron los atentados en Barcelona. Habíamos quedado con un amigo en las Malvinas, distrito de Punchana, para ir a bendecir su casa pronto en la mañana. Con las noticias de los atentados se nos pasó la hora y a las 8.00 a.m. nos llamó, por si nos  habíamos olvidado. Inmediatamente nos movilizamos y llegamos a su casa pidiendo las disculpas del caso por la tardanza. Saludamos a la familia, conversamos un ratito y pasamos a bendecir la casa. Nuestro amigo, un profesor, nos invitó a desayunar: un pescado asado con plátano, yuca y cocona. Exquisito. Conversamos un poco de todo, de la huelga de profesores y de los atentados en Cataluña, entre otras cosas. Con esfuerzo nuestro amigo profesor consiguió refaccionar su casa. Estaba satisfecho y nos alegramos con sus éxitos personales. Regresamos a casa y continuamos con nuestras inquietudes: uno de nosotros, estudiando al pueblo kukama en los s. XVII y XVIII; otro, preparando unas clases sobre teoría decolonial (aunque sin práctica, lo decolonial es un brindis al sol). Los cristianos neotestamentarios realizaron prácticas decoloniales en el imperio romano. Cuando olvidamos estas experiencias podemos convertirnos nosotros en explotadores, como en el “descubrimiento”.

Al poco de estar realizando nuestras tareas llegó un conocido de Masusa pidiendo agua bendita e invitándonos a visitar a un “endemoniado en Masusa”. No le aceptamos porque teníamos concertada una visita con gente del Marañón en media hora. Quedamos en visitarlo por la tarde. Así que nuestro amigo se fue llevando el agua bendita. Y en 15 minutos regresó con el endemoniado y dos de sus primas. El “endemoniado” es un muchacho de 13 años que había gritado en su casa y tenía una fuerza descomunal. Viéndose superados buscaron apoyo trayéndolo a la parroquia. Los padres del muchacho se han separado en diciembre pasado, la mamá se ha ido con otro hombre. El papá trabaja en Masusa de estibador, un trabajo muy duro. Como consecuencia de la separación de sus padres, el muchacho no pudo matricularse este año porque en el colegio no paran de pedir dinero para copias, trabajos, cuadernos, lapiceros… Y no hay oportunidad. Se quedó en segundo de secundaria. Cuando llegaron a la parroquia el muchacho tenía los ojos cerrados y no hablaba. Con paciencia y dedicación el muchacho abrió los ojos, al principio con desconfianza y después con una mirada rápida hizo un barrido para percibir el lugar donde estaba. También conseguimos que hablara, al principio con un tono tan bajo que no podíamos comprender, pero poco a poco fue elevando el tono hasta que se hizo audible. Comenzó con monosílabos hasta que aparecieron las frases muy simples. Se notaba la distensión. Después de un rato elegimos un pasaje de la Biblia (Mc 1, 21-28) sobre un endemoniado y la curación de Jesús. Rezamos el Padre nuestro y el Ave María y con la imposición de manos dimos por concluida la conversación. Se fueron mucho más tranquilos a casa.

© Manolo Berjón 2016. Dibujo de diablo, pintado por una niña de 11 años de Versalles, distrito de Punchana.


La persona del Marañón nos tuvo que esperar más de una hora. Le explicamos la situación y nos comprendió. Nos contó algunas cosas de las comunidades y fue un momento para recordar y preguntar por algunas personas. Fue un momento de intercambio de noticias, algunas gratas y otras sorpresivas.

Cuando estábamos a punto de almorzar llamaron a la puerta y abrimos. Aparecen dos señoras que nos piden ir al hospital de ESSALUD porque una familiar suya está muy grave y “quiere casarse”. Les explicamos que podemos ir a rezar, pero casarse es un poco más complicado porque hay que tener documentos. Insisten en que es una emergencia. Preguntamos si ya está moribunda y nos dicen que no, aunque los médicos no le dan muchas esperanzas. Bueno, hemos ganado un poco de tiempo. Se tranquilizan un poco y es el momento de preguntar si están bautizados. El varón, en Nauta y la mujer en esta parroquia. Nos comprometemos a tramitar las partidas de bautismo y quedamos para las 4.00 p.m. en el hospital. Si encontramos los documentos, para casarlos; si no los conseguimos, iremos a rezar. Así quedamos.

Llamamos por teléfono a Nauta para solicitar la partida de bautismo. La obtenemos. Por mientras también conseguimos la partida de la mujer. Elaboramos el expediente matrimonial. A las 3.30 p.m., una señora nos visita para solicitarnos ir a rezar a una amiga en otro hospital. No le podemos aceptar porque ya hemos quedado para 4.00 p.m. con esta pareja. Le derivamos a la parroquia cercana al hospital donde está su enferma para que le acompañe un sacerdote. Después de terminar el expediente matrimonial nos vamos al hospital. En la entrada los guardianes nos piden abrir la bolsa donde llevamos una Biblia y los utensilios para atención espiritual de los enfermos, incluido un matrimonio de emergencia. Cuando pasamos el control escuchamos que sus compañeros le dicen: “no te pases, cómo le vas a decir así al padrecito”. Y se ríen. Nosotros también nos reímos. Un guardián nuevo que no nos conocía.

La puerta de la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) está llena de gente. Nos presentan al novio. Mantenemos una breve conversación. Le preguntamos si verdaderamente quiere casarse. El novio, nervioso y con mucho dolor, nos dice: “padre, es a la mujer que quiero; llevamos conviviendo 15 años”. Conversamos con las dos mujeres que vinieron al principio a la parroquia para pedir el matrimonio de emergencia, para que ejerzan de testigos. Quedamos en que entraríamos a la UCI el novio, las dos testigos y un sacerdote. La enfermera nos dice que “sólo puede entrar el padre y un familiar”. Le explicamos que se van a casar y sería necesario, al menos, un testigo. La enfermera nos pide que esperemos un momento. Pasados unos minutos sale y nos dice que pueden pasar dos testigos, el novio y el padre.

Entramos. Nos colocamos la ropa y zapatos adecuados para visitar a un enfermo en la UCI. Con la mayor dignidad posible realizamos la ceremonia. Las oraciones oportunas y los novios se cogen las manos. Las enfermeras quedan en segundo plano, también rezan. Terminamos la ceremonia y el novio llora un momento. Es un hombre muy fuerte, pero el momento es tristemente emotivo. Firmamos los documentos del matrimonio. Nos despedimos y salimos.

Regresamos a casa. Es el momento de nuestro paseo. Ahí comentamos las incidencias del día. La gente nos ve caminar por la calle y no comprende que, si podemos ir en motocarro, nos dediquemos a pasear. Pero queremos pasear, necesitamos pasear. Aunque en Punchana no hay veredas ni caminos donde se pueda pasear sin dificultad. Hay que esquivar motocarros, motos y omnibuses, sortear huecos y veredas desiguales.

Regresamos a la casa y nos bañamos para bajar a celebrar la eucaristía de las 7.00 p.m. Comemos algo y a las 8.00 p.m. atendemos a un grupo de catequesis de adultos. Es preciso dedicar tiempo a la formación cristiana. Concluimos y descansamos un rato antes de ir a dormir. Una jornada intensa.

El sábado 19 nos hemos comprometido para celebrar la misa en la iglesia Matriz a las 6.30 a.m. Paramos un motocarro y nos quiere cobrar S/. 4.00, así que decidimos no subir, dejar ese motocarro y pedir otro. Enseguida llega otro motocarro y nos lleva por S/. 2.50. Está bien que seamos blancos, pero eso no nos parece un dato sustancial para que nos quieran cobrar justo el doble que a otra persona con rasgos más amazónicos. Regresamos en ómnibus: la velocidad que alcanza parece un formula 1 y los huecos de las calles nos hacen saltar en el asiento, no precisamente de alegría. La música a todo volumen no parece preocupar a nadie en el ómnibus, nuestros oídos están espantados.

Desayunamos y nos vamos al hogar de menores de varones. Como todos los sábados rezamos una media hora con los muchachos. Hace 3 años, cuando comenzamos a visitarles era difícil, ahora nos hemos ido acostumbrado unos a otros. Se trata de respetar, de leer un pasaje bíblico, reflexionar un poco y pensar sobre nuestra propia vida. Rezamos y concluimos imponiéndoles las manos, y los niños a nosotros: para recibir la fuerza de Dios. Después visitamos el hogar de menores de mujeres. Acá nos traen siempre una bandeja con agua y una ramita, así que bendecimos a las que desean. Regresamos a la casa y nos ponemos a estudiar.

Llaman a la puerta. Nos visita una persona que quiere saludarnos. Nos regala un champán amazónico. Al poco tiempo llega otra vez el “endemoniado”. Lo trae en brazos su prima de 14 años, pero que parece más mayor. Comenzamos a conversar. El muchacho llega después de una crisis. Poco a poco abre los ojos y comienza a conversar con monosílabos. Las primas nos narran ligeramente su vida. La de 14 años también ha sido abandonada por su mamá el año pasado: “se fue con otro hombre”. Aprovechamos la oportunidad para indicar que no podemos elegir lo que nos sucede, pero sí cómo afrontarlo. No podemos elegir que nuestra mamá se quede en casa. Pero podemos elegir deprimirnos y hundirnos, o salir adelante, como la prima. No es fácil, duele mucho, pero nos pareció un ejemplo cercano al muchacho. Su otra prima estudia en el Tecnológico. En un lugar como Masusa es digno de resaltar cuando una señorita consigue estudiar. Otro dato fundamental de personas que luchan denodadamente para salir adelante. Decidimos aprovechar la resiliencia de sus primas para indicar al muchacho la necesidad de pelear la vida. Después de un rato de conversación, terminamos rezando. Les prometemos que iremos en la tarde a visitarles.

Llega la hora del almuerzo. Durante el descanso recibimos una llamada de Nueva Alianza, en el Marañón. Nos cuentan más del derrame de petróleo en julio 2017. Les asesoramos y preguntamos por algunos conocidos. Son personas muy importantes para nosotros. En la tarde visitamos de nuevo el hogar de menores, en la sección de madres adolescentes. Están a punto de salir para realizar un baile en un lugar público de la ciudad. Rezamos brevemente. Nos preguntan si es pecado pintarse. Varias de ellas se han pintado los labios y los ojos. Contestamos que no y que deben bailar bien para que todo el mundo les aplauda. Se ríen. Salimos del hogar y regresamos a casa. El espacio que habitan es reducido y hay hacinamiento, no tienen lugar para que jueguen sus hijos. Pareciera que los jueces aparcan en el hogar a los adolescentes, sin preocuparles lo que allí sucede.

Foto tomada de internet.

Nos preparamos para ir a visitar la casa del “endemoniado”. Al  llegar le vemos jugando vóley con sus primos. Lo cual es una excelente noticia. Llamamos a la casa y nos recibe una señora que está expectante, sabe quiénes somos pero no nos conoce. Comenzamos una conversación de presentación. Se acercan los niños y bromeamos con ellos, porque nos remedan. Hacemos alusión al paucar, un pájaro que imita sonidos. Todos nos reímos. Después de un rato hacemos una ronda de juego-presentación. Les invitamos a rezar y bendecimos la casa. La casa es pequeña pero bien ordenada y limpia. En una habitación están amontonados muchos cubos. Los utilizan para recoger agua, en esta zona no hay agua potable, la tienen que comprar. La señora, tía del muchacho, nos invita a una gaseosa y comienza a comentarnos su relación con una parroquia en el lugar donde ella vivía anteriormente. Se nota agradecimiento. Cuando estamos para salir nos regalan dos trozos de cake. Es evidente que conciben nuestra presencia y bendición de la casa como una protección. No pensaban que cumpliéramos nuestra promesa de visitarles.

Continuamos caminando. Nos llaman para invitarnos a un vaso de chicha. Declinamos la invitación, pero retrocedemos y, aunque no tenemos sed, aceptamos para no rechazar la oferta. Nos invitan porque es una forma de pedir la bendición a Dios y que recemos por ella y su familia. Conversamos un ratito sobre el negocio. Está bajo, de hecho la mujer que nos invita sólo hace comida los fines de semana. Le agradecemos y nos despedimos. Continuamos caminando por Masusa, cuando una rata, del tamaño de un dromedario, sale a pasear por la vereda. La calle está abarrotada de gente, la rata está acostumbrada. Regresamos, nos bañamos y bajamos a la misa. Los sábados por la noche acompañamos a un grupo de universitarios, pero esta noche nos avisaron que tenían otra programación. Vemos un rato televisión y conversamos de todo un poco. Nos vamos a descansar.

El domingo comenzamos con la misa dominical a las 7.00 a.m. en la parroquia. Hoy nos acompaña un joven agustino loretano recién ordenado sacerdote, él presidirá la eucaristía. Mientras esperamos la hora conversamos sobre sus estudios en teología fundamental. Nos cuenta sobre su curso de teología de la creación en diálogo con la ciencia actual y las teorías del big bang, entre otras. Nos narra algunas anécdotas de sus profesores, que son nuestros compañeros y nos reímos. Al concluir la misa solemos acompañar a las capillas de Masusa, pero este domingo es diferente, tenemos un compromiso con la Fraternidad Agustiniana, un grupo de adultos laicos que siguen la espiritualidad de San Agustín. Después del almuerzo regresamos a casa. Descansamos un rato.

Llaman al timbre. Salimos. Dos mujeres. “Queremos hacer hablar una misa de honras”. Esta expresión delata su ascendencia indígena. Les hacemos pasar. Preguntamos por quién vamos a rezar. Nos dan un nombre con dos apellidos blancos. Sin embargo, su fisonomía y su lenguaje revelan su condición indígena. Preguntamos quién era. “Una señorita de 14 años, se ha ahorcado hace 8 días”. Nos sentamos. La mamá se separó de su marido hace años. Como todos los días se fue temprano al mercado para vender pescado. A las 9.00 a.m. le llama una vecina diciendo que su hija se ha ahorcado. Entró en shock. Tuvieron que llevarla a casa. Otra hija de 18 años, y embarazada de 7 meses, encontró a su hermana colgada de la soga. Se subió a una silla y quiso romper la cuerda, no pudo y se cayó. Gritó, acudieron los vecinos, cortaron la soga y la llevaron al hospital. Llegó todavía viva, pero al poco tiempo falleció. El papá se encargó del velorio. La mamá continuaba en shock. Hoy pedían “hablar una misa de honras en su nombre”. Durante esta semana la mamá se enteró que su hija decía que iba a viajar lejos. La distancia, para los indígenas, es una forma de muerte y “viajar lejos” es una metáfora muy utilizada por quien se va a suicidar. 

Un compañero, que ha venido de lejos, nos pidió presidir la eucaristía. Aceptamos con gusto. El evangelio de hoy nos relata el episodio de la siro-fenicia (Mt 15, 21-28). Interpretar el texto bíblico al margen de su contexto social, político, económico, étnico, de género… y reducirlo a lo que médicamente hoy denominamos epilepsia, nos parece desnaturalizarlo. Se le ha colado el individualismo occidental. De esta manera conseguimos que no resuene en nuestro mundo amazónico donde los demonios esconden contextos de exclusión.

Hemos salido a dar nuestro paseo. Regresamos, nos bañamos y celebramos la misa. Después vemos Cuarto Poder y nos vamos a descansar. Esta pretendida radiografía permite ver algunas cosas, otras permanecen opacas.


miércoles, 16 de agosto de 2017

INDÍGENAS URBANOS: una visita a J.T.

Iquitos, 16 agosto 2017

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


“He nacido en Masisea, bien lejos de acá”. (Para preservar el anonimato sólo aparecen sus iniciales, pero es un apellido kukama) J. T. tiene ahora 82 años, o al menos eso es lo que él dice (si no es exacto, se le debe aproximar bastante). Su padre trabajaba por allí la shiringa, balata… En la década de los 40 del siglo pasado se vino a vivir en San Antonio de Marupa, una comunidad cercana a Iquitos. “Acá me hice hombre”. Se dedicaba a la pesca y la agricultura, “aunque también sé cazar”. “Me gustaba hacer fariña”, “mi blandona era redonda”. 



Así comenzó nuestra conversación, con una breve presentación de quién somos cada uno de nosotros. Nos habían buscado “para rezarle”. En ese momento no pudimos, estábamos en otra tarea. Cuando nos desocupamos fuimos a visitarle. Vive en casa de su hija. Una casa situada en uno de los asentamientos humanos de Punchana donde habitan la gente de los ríos y la única presencia del Estado se reduce a una caseta de la policía. Una casa humilde, en uno de esos barrios donde no recogen la basura y el olor intenso es doloroso. La casa es humilde y pequeña: de 3 m. x 20 m., pero perfectamente ordenada y limpia. La hija del viejito estaba lavando cuando llegamos. Terminó su faena y se incorporó a la conversación y al rezo. Ella complementó la historia de “mi papá”. Destilaba cariño. El anciano estaba sentado en una mecedora, con sus ojos cerrados. Cuando le dirigimos la palabra, nos contestó con normalidad. Aunque la hija nos decía que, en ocasiones, se olvida, y no les conoce.

Ya hemos indicado que J.T. era buen pescador. Una madrugada estaba regresando de recoger su trampa y observa un deslizador grande que está bajando. Piensa que tal vez quieran comprar un poco del pescado que está llevando a la casa. Se acerca y aparece el espanto: el deslizador estaba bajando al garete (con la corriente), con unos 15 cilindros y todos los hombres muertos. Después de la sorpresa avisa a sus familiares que acuden con prontitud. Deciden recoger un poco de lo que hay en los cilindros: “veneno para matar el pájaro y sembrar la chacra”. Dan parte a la policía de Orellana y después de unas declaraciones se regresan a casa a desayunar. Al día siguiente van a la chacra y esparcen el “veneno para matar pájaro”. Todo tranquilo.

Pasados unos días vienen de nuevo los policías, pero en esta ocasión mucho más agresivos. “El veneno para pájaro” que esparcieron en la chacra, como ya se imaginan, era cocaína. “Eran como bolitas, mi papá lo diluía con agua para poderlo esparcir mejor”. La policía llevó a todos los hombres de la familia. Les torturaron. “Les metían la cabeza en el agua y les picaban con el remo”. Nos ahorraremos los detalles. J. T. pasó 10 años en la cárcel de Iquitos.

Mientras el padre y los varones de la familia estaban en la cárcel de Iquitos la familia se tuvo que trasladar a Santa María del Ojeal, dedicados de nuevo a la chacra. La pesca, una actividad prioritaria de varones, no la podían realizar, excepto anzuelear. “Yo tenía 8 años cuando llevaron a mi papá”. “No me pude educar”, decía la hija. Nuestra opinión era diferente: esta familia tiene mucha más educación que todos nuestros títulos. La sensación de “ser gente”, que dicen los kukama, y que podemos intentar traducir por dignidad, nos embargó durante toda nuestra conversación.

“Mi papá vivió en Santa María de Ojeal hasta cuando murió mi mamá, hace 5 años. Después le traje a vivir conmigo”. Cuando regresábamos en el motocarro nos contaba el yerno del viejito: “tiene más hijos en Iquitos, pero no le quieren ni pasear (visitar)”. Mi señora es quien le atiende. El viejito, en ocasiones, “se hace todo encima”. En casa había un jovencito con síndrome de down. Con muchos menos problemas otras  personas nos deprimimos. La sensación de limpieza, cariño y cuidado mutuo es lo que quisiéramos también para nuestra ancianidad.

“Yo no hablo kukama, pero lo puedo comprender. Mi papá, él sí hablaba. Mi mamá, también”.

El relato de J.T. no es únicamente individual. A través de él se vislumbra el impacto de la historia reciente en los cuerpos del pueblo kukama. Nació en Masisea, en los últimos estertores de la época del caucho, en su segundo boom, en torno a la segunda guerra mundial. [Esa guerra que no fue mundial, pese a su rimbombante nombre, sino occidental]. Esto supuso un desplazamiento, muchas veces forzado, de pueblos indígenas. Este es el motivo de que el padre de J.T. aparezca en un lugar tan lejano al territorio ancestral del pueblo kukama, como Masisea. Pero no es la única huella. Si miramos un mapa, en el departamento de Madre de Dios, encontramos una comunidad y un río denominados Cocama (ahora se prefieren autodenominar kukama).

Podemos vislumbrar el impacto de la cocaína en pueblos indígenas. Lo más terrible es cómo los grandes narcos se pasean abiertamente por todos los lugares cuando muchos indígenas han pasado temporadas más o menos largas en la cárcel. Sería interesante estudiar la población carcelaria de lugares como Iquitos: nuestra hipótesis plantea que están abarrotadas de indígenas.

Vemos también el desplazamiento de familias de los ríos para habitar la ciudad. Pero en las periferias, donde no hay agua potable, ni desagüe, ni los servicios municipales recogen la basura. A la salida de la casa había tres niñas de entre 3 y 5 años jugando con un libro. No tienen clase por la huelga de profesores.

J.T. no puede dormir en la noche. En el día se pasa dormitando. “Me jalan el pie, lo levantan y lo dejan caer sobre la cama. Después me duele todo el cuerpo”. En las noches le visita M. I. (otro apellido indígena) y le molesta. M.I. hace dos años que ha muerto. “Nunca tuve ningún problema con M.I”, nos dice el viejito, “pero ahora me molesta”. Y se hace el silencio. No pudimos comprender por qué M.I. le molesta. Lo cierto es que querían que viniera el padre. Tal vez quiera “confesar”, decía la hija. Cuando le preguntamos, el viejito dijo que no. Pero estuvimos rezando y bendijimos la casa, “para que se retiren los espíritus y no le hagan daño”.

Sólo se trata de sugerir, de indicar, de señalar la importancia de acompañar. Los pueblos indígenas sufren discriminación. Pero se tiende a pensar en indígenas que habitan las cabeceras de los ríos, muy lejos de las ciudades. J.T. nos recuerda la necesidad de pensar en los indígenas urbanos. Y con las tres niñas jugando en la entrada de la casa fluyen nuevos interrogantes. Los indígenas urbanos hace tiempo que vienen planteando nuevos retos que no están siendo respondidos. Por el momento, que quede así.

lunes, 29 de mayo de 2017

APEGARSE AL RESUCITADO

Iquitos, 29 de mayo de 2017

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

A modo de propuesta: Dibujar a Jesús Resucitado. Así de simple, así de sencillo. Algunos cristianos recogieron la sugerencia y dibujaron. Era una propuesta libre. Se sustenta en dos ideas. Una, no es fácil representar la Resurrección, porque indica otro nivel de realidad diferente, lo cual exige cierta creatividad y aportación propia. Segundo, es una forma de identificación con el Resucitado. Siendo una actividad lúdica exige también cierto “apego” con el Resucitado. Y “apegarse” implica una gran densidad semántica. El vínculo de fe es importante en esta actividad. El respeto, el cariño y la fe están entretejidos en el dibujo. Se sobrepasa el nivel lúdico para ser un reflejo de la propia fe y la identificación con el Resucitado.







La actividad tuvo lugar durante el mes de mayo en las capillas de Santa Rosa de Lima y Sagrado Corazón, ambas situadas en Masusa, puerto fluvial de Iquitos. Pretendíamos focalizar sobre la Resurrección por lo que supone de alegría, de salir adelante, de resiliencia, de fuerza en medio de la debilidad. Una manera de buscar mecanismos que permitan a la gente afianzar su vida en medio de situaciones complejas y delicadas. Las calles en Masusa están rellenadas con descartes de madera para levantar la rasante. Esto conlleva tapar los caños naturales por donde discurre el agua y empantanar el agua debajo de las casas, lo cual crea un problema de salud de dimensiones gigantescas. Un técnico de la Municipalidad nos decía que las rasantes crean problemas en lugar de resolverlos. Bien, pero en la práctica se levantan rasantes. Y algo tendrá que ver la Municipalidad en esto, que lo favorece o, al menos, lo permite. Parece que la coherencia entre dicho y hecho se ha extraviado. No hay desagüe ni agua potable. La compran por garrafas a precios más altos que el resto de la ciudad. El consumo de drogas sigue en aumento. Se dan las condiciones ideales para que se produzca trata de personas y explotación. Y así podríamos ir enumerando otros inconvenientes. No faltan cruces, pero los cristianos, que trabajamos por una humanidad mejor, tenemos la fuerza del Resucitado que nos acompaña.





Sólo nos queda agradecer a las personas que han participado y a las comunidades cristianas que se reúnen en dichas capillas. Seguiremos acompañándoles.
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No estamos en México, sino en Masusa, puerto fluvial de Iquitos. No nos situamos en el s. XVI, sino en el XXI. Mucha agua ha pasado por el Amazonas. Quede como una provocación.
“La pintura europea procuraba ante todo evocar un tema con la ayuda de una gama restringida de elementos estrictamente indispensables, siempre extraídos de un repertorio conocido por la gran mayoría. Este margen que se dejaba al artista coincidió con la falta de preparación de los pintores mexicanos. Éstos no poseían ninguna noción de historia de la pintura europea ni de la evolución de los estilos, y las formas que reproducían aplicadamente eran demasiado nuevas para imponerse de un modo interiormente apremiante. Este desconocimiento y esta distancia constituyeron a la vez un inconveniente técnico y la fuente de una relativa libertad” (GRUZINKI, Serge (2000), El pensamiento mestizo, Paidós, Barcelona-Buenos Aires-México, 107).




Que duda cabe que los cristianos de Masusa han visto películas sobre Jesús y han participado en eventos religiosos que recuerdan lo nuclear de nuestra fe. Sin embargo, es interesante percibir cómo ellos se han ido apropiando de la fe y cómo la expresan. Existen ciertos parámetros que se han copiado, pero, sin duda, hay un margen de libertad que los hace únicos.