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jueves, 24 de mayo de 2018

FÚTBOL, BIBLIA E IDIOMA CASTELLANO EN EL PUEBLO KUKAMA, o sobre cómo llegamos a descubrir la pastoral indígena. Algunos desafíos de los pueblos indígenas a la Iglesia.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Cuando llegamos por primera vez al Marañón, hace más de dos décadas, lo primero que experimentamos fue la incomunicación: no comprendíamos el habla de la gente. El primer golpe fue en la ciudad de Iquitos, aunque un golpe suave. A la semana viajamos a Nauta, una ciudad fundada por el kukama Manuel Pacaya en 1830, la incomunicación se acentuó considerablemente. A la semana siguiente estábamos en nuestro nuevo destino: Santa Rita de Castilla, en medio del pueblo kukama. Y la sensación de incomunicación era enorme, pese a que los kukama actuales tienen como lengua materna el castellano. La visita a las comunidades nos pareció estar en otro mundo.
 
© Manolo Berjón

Acostumbrados a decir lo que a uno le parece nos costó comprender la importancia de las ceremonias en la comunicación. Los saludos, las fórmulas repetitivas…, nos parecían como de otro tiempo. Más tarde nos dimos cuenta que el propio lenguaje crea situaciones. Ya habíamos estudiado eso de que “yo te bautizo…”, en una ceremonia en la iglesia, crea un nuevo cristiano. Pero ahora lo aprendido sobre “cómo hacer cosas con palabras” nos pareció mucho más intenso en la selva. La importancia de la bendición, y la necesidad de no pronunciar, bajo ningún concepto, una maldición. Con constancia, esfuerzo y paciencia de parte de nuestros interlocutores indígenas fuimos aprendiendo a comunicarnos un poco mejor.

Después comprendimos que la misma palabra tenía significados diferentes. “Préstame tu machete” para nosotros significaba: “cédeme tu machete” por un tiempo limitado. Para los kukama el prestatario se hace dueño del machete. De ahí que sea de mal gusto requerir la posesión del machete por parte de su dueño. Esto nos costó mucho tiempo comprenderlo y nos llevó a investigar en el idioma kukama. El descubrimiento del idioma fue toda una revelación. Poco a poco nos fuimos acostumbrando. O mejor, desde el punto de vista indígena: nos fueron domesticando. El tomar masato (cerveza de yuca) fue toda una lección de domesticación.

EL FÚTBOL

Todas las tardes se juega a fútbol o futbito. Infaltable. El campo de fútbol está en medio de la comunidad. Da la sensación de pisar un terreno seguro. El primer día que jugamos todo fue bien. El segundo día recibimos algunas patadas, que atribuimos a malos cálculos. El tercer día recibimos más golpes. No se detenía la pelota y nadie reclamaba falta, lo que nos sorprendía. Entonces no le dimos importancia. Después comprendimos que la fuerza es un elemento clave para los kukama. Su forma de jugar a fútbol es una demostración de habilidad y fuerza. El débil no tiene oportunidad. Mucho más tarde averiguamos que se coloca un sapo en la portería para que no entre la pelota, o un chamán puede hacer que el contrario se caiga y se lesione…

¿Por qué hablar de fútbol? Sabiendo que es un juego venido de fuera, entonces podemos caer en la cuenta de una característica indígena fundamental: apropiarse de lo extraño para continuar siendo indígena. De esta manera se apropiaron del futbol (juego extranjero) para continuar siendo indígenas (juegan a su manera). De ahí la importancia de que el campo de fútbol ocupe el centro del pueblo. Lo externo (el fútbol) se sitúa en el corazón para continuar siendo indígenas.

Los campeonatos de fútbol son fundamentales. Un Animador Cristiano nos contó que uno de sus hijos, de 16 años, fue a jugar a futbol a otra comunidad. Llegó tarde en la noche y de frente se metió en su mosquitero para dormir. En la mañana siguiente salió del mosquitero normal, fue al río a acarrear el agua, pero su madre estaba molesta, aunque no le decía nada. Al llegar la hora del desayuno apareció una señorita que salió de su mosquitero. La presentó como su mujer. El fútbol es mucho más que un deporte. Hace que los jóvenes viajen a otras comunidades y no son pocas las familias que se han constituido o reunido en un campeonato de fútbol


LA BIBLIA

La señora Miguelina no sabía leer ni escribir, nunca había ido a la escuela. Pero tenía una gran sabiduría y fue una gran partera. Cuando ya estaba enferma un día nos hizo llamar. Acudimos y nos pidió una Biblia. Éramos conscientes que ella no sabía leer ni escribir. Entonces, ¿para qué la quería? Muy sencillo: para colocarla debajo de su almohada. Los kukama, tradicionalmente, colocaban la hoja del toé debajo de la almohada para que les haga soñar. La señora Miguelina quería que Dios le hiciera soñar y la forma más apropiada era colocar la Biblia debajo de la almohada.

Dicho así pareciera no tener mucha importancia. Lo que sucede es que para los indígenas el mundo no es únicamente lo que vemos, sino que existen otros mundos donde habitan otros seres. Dios, para los kukama, habita en el cielo más alto. Los sueños vienen a ser una verdadera revelación. A esto convendría añadir que la Biblia se convierte también en protección. Si tenemos en cuenta que la señora Miguelina estaba enferma, es fácil de comprender que estaba pidiendo a Dios, a través de la Biblia, protección contra el mal (la enfermedad en este caso).

No pretendemos en estas notas breves extraer todas las consecuencias, tan solo queremos apuntar una dirección. El aprendizaje ha sido costoso. Se necesita de una gran paciencia. Pero cuando nos dimos cuenta que íbamos comprendiendo nos embargó una sensación de satisfacción, de saber qué está pasando, de poder compartir la vida con personas increíblemente sabias que también tuvieron mucha paciencia con nosotros. Eso no significa que sepamos todo, ni mucho menos, continuamos siendo unos humildes aprendices. De ahí la necesidad de una pastoral indígena.

Cada pueblo indígena es diferente. La diversidad es una de las características más importantes en la amazonía. Las notas que escribiremos a continuación están enraizadas en el pueblo kukama. Son experiencias nuestras. Posiblemente otros pueblos y otras gentes tengan experiencias diferentes. Sin embargo, nos parecen oportunas para una conversación entre gentes que caminan por la Amazonía. Es nuestra pequeña contribución a esta convocatoria del sínodo panamazónico. Esperemos que sirvan para conversar.

SOCCER, THE BIBLE AND THE SPANISH LANGUAGE AMONG THE KUKAMA PEOPLE, or how we came to discover indigenous ministry. Some challenges for the church from indigenous peoples.

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

When we first arrived in the Marañón River Valley, more than two decades ago, the first thing we experienced was miscommunication: we didn’t understand the way people talked. It first struck us in the city of Iquitos, although the blow there was relatively soft. When we traveled to Nauta, a city founded by the Kukama Manuel Pacaya in 1830, the following week, the sense of miscommunication was sharply accentuated. A week later, we reached our new home, Santa Rita de Castilla, amid the Kukama people. And the feeling of miscommunication was enormous, even though the Kukama nowadays speak Spanish as their first language. When we visited communities, we felt as if we were entering another world.
© Manolo Berjón

Accustomed as we were to speaking our minds, it was difficult for us to understand the importance of ceremony in communication. Greetings, repetitive formulas … they seemed to be from another era. We later realized that language itself creates situations. We had already studied how “I baptize you,” in a ceremony in the church, creates a new Christian. But what we began to learn about “how to do things with words” seemed much more intense in the Amazon. The importance of the blessing, and the importance of never, under any circumstance, speaking a curse. With persistence, effort and patience on the part of our indigenous interlocutors, we gradually learned to communicate better.

We later realized that the same word had different meanings. To us, “Lend me your machete” meant, “Give me your machete” for a limited time. For the Kukama, the borrower becomes the owner of the machete. It would therefore be in poor taste for the owner to ask for its return. It took us a long time to understand that, and it led us to study the Kukama language. The discovery of the language was a revelation. We gradually became accustomed to the Kukama culture. Or more accurately, from the indigenous point of view, they gradually domesticated us. Drinking masato (fermented cassava beer) was a lesson in domestication.


SOCCER

Every afternoon, people play soccer or fulbito (a scaled-down version of the game). Without fail. The soccer field is in the middle of the community. It gives one the sense of being on solid ground. The first day we played, all went well. The second day, we were knocked around a bit, but put it down to poor calculation. The third day, we received rougher treatment. Play didn’t stop, and no one called foul, which surprised us. So we paid little attention. We later understood that strength is a key element for the Kukama. Their way of playing soccer is a demonstration of skill and strength. The weak have no chance. Much later, we discovered that a toad may be placed on the goal post to keep the ball away, or a shaman can make an opponent fall and injure himself…

Why talk about soccer? Knowing that it is a game that came from outside, we can discover a key indigenous characteristic: appropriating from the foreign to continue being indigenous. People have appropriated soccer (a foreign game) so as to continue being indigenous (they play in their own way). Thus the importance of the soccer field’s central location. The external (soccer) is taken into the heart so people continue to be indigenous.

Soccer tournaments are crucial. One Animador Cristiano (leader of the village’s Catholic community) told us that one of his sons, age 16, went to play soccer in another community. He arrived home late at night, and immediately went to bed under his mosquito net. The next morning, he slipped out from under his mosquito net as usual and went to the river to fetch water. His mother was annoyed, although she said nothing. At breakfast time, a young woman appeared from under his mosquito net. He introduced her as his wife. Soccer is much more than sport. It makes young men travel to other communities, and more than a few families or couples have been formed at a soccer match.


THE BIBLE

Señora Miguelina did not know how to read or write and had never been to school. But she was a woman of great wisdom and an excellent midwife. One day, when she was ill, she sent for us. We went to her home and she asked us for a Bible. We were aware that she did not know how to read or write. So why did she want a Bible? It was simple: to place it under her pillow. The Kukama traditionally place the leaf of the toé plant under their pillow so it will make them dream. Señora Miguelina wanted God to make her dream, and the most appropriate way was to place the Bible under her pillow.

Recounted in those terms, it seems unimportant. But for indigenous people, the world is not just what we see; other worlds also exist, inhabited by other beings. God, for the Kukama, lives in the highest heaven. Dreams are a form of true revelation. We should add that the Bible also becomes a means of protection. Given that Señora Miguelina was ill, it is easy to understand that she was asking God, through the Bible, for protection against evil (illness, in this case).

In these brief essays, we do not attempt to discuss all the implications of these experiences; we seek only to offer guideposts. Learning has come at great cost. Much patience is required. But when we realized that we were understanding, we were overcome with a sense of satisfaction, of knowing what was going on, of being able to share life with people who were incredibly wise, and who also were extremely patient with us. That does not mean we know it all, by any means. We are still humble apprentices. That is why an indigenous ministry is necessary.

Every indigenous people is different. Diversity is one of the most important characteristics of Amazonia. The essays in this series are rooted in the Kukama people. They reflect our experiences. Other peoples and other people may have different experiences. This seems like a good moment for a conversation among the people who journey through Amazonia. It is our small contribution to the call for a pan-Amazonian synod. We hope it can help start a conversation.

lunes, 21 de agosto de 2017

RADIOGRAFÍA DE NUESTRO ÚLTIMO FIN DE SEMANA

Iquitos, 21 de agosto de 2017

Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


Masusa es el puerto fluvial de Iquitos. Este fin de semana nos encontramos con un adolescente “endemoniado” y otra adolescente que se ahorcó hace 8 días. Desde 2016 las madereras, que están afincadas en Masusa, sacaron sus desperdicios de madera y rellenaron las calles, con permiso de las autoridades, por supuesto. Echaron una capa de tierra encima y listo. En la última creciente se podía caminar por la calle, aunque los bajos de las casas estén llenos de agua. Los caños están taponados y no hay desagües. Se ha invisibilizado el problema. No se recoge la basura, excepto en la calle principal que lleva al puerto. Nos hemos encontrado niños que no acuden al colegio, aunque son más los adolescentes que abandonan los estudios. Los locales de inicial en Masusa no cumplen los requisitos mínimos: falta de espacio, hacinamiento. Debajo de un establecimiento de salud en Masusa se acumula el agua estancada y la basura. El jueves 17 se reunió una de sus juntas vecinales. Cuando pasamos por ahí estaban discutiendo sobre el serenazgo. Hay un puesto policial, pero no sirve para nada. Continúan vendiendo drogas, pero ahora delante de la policía.

Foto tomada de internet

Son personas increíblemente “fuertes” que les suceden acontecimientos duros, muy duros, y merecen más atención. Sería conveniente buscar personas resilientes y fortalecerlas. Somos conscientes que aunque escribamos sobre ellos difícilmente cambiarán las condiciones en las que viven. El lenguaje sobre “endemoniados” esconde asimetrías de poder y explotaciones de todo tipo. Decodificar estas situaciones permite intervenir. Rezar lo complementa. En el pensamiento indígena, cuando una persona está aislada y/o debilitada es fácil que sea visitada por espíritus que le invitan a transformarse: convertirse en otro espíritu (pasando por la muerte). Por eso es fundamental el contacto con humanos, afianzar la perspectiva humana. El suicida ha completado la transformación. Por eso hay que intervenir antes. Lo más probable es que esta nota no cambie nada, pero que no quede por lo que a nosotros respecta.

Haremos un pequeño repaso de este fin de semana pasado: viernes 18, sábado 19 y domingo 20 de agosto de 2017. Comenzaremos por el viernes 18. Como todos los días, comenzamos rezando laudes a las 6.30 a.m. Concluyendo el rezo nos hemos puesto a ver las noticias, el día anterior fueron los atentados en Barcelona. Habíamos quedado con un amigo en las Malvinas, distrito de Punchana, para ir a bendecir su casa pronto en la mañana. Con las noticias de los atentados se nos pasó la hora y a las 8.00 a.m. nos llamó, por si nos  habíamos olvidado. Inmediatamente nos movilizamos y llegamos a su casa pidiendo las disculpas del caso por la tardanza. Saludamos a la familia, conversamos un ratito y pasamos a bendecir la casa. Nuestro amigo, un profesor, nos invitó a desayunar: un pescado asado con plátano, yuca y cocona. Exquisito. Conversamos un poco de todo, de la huelga de profesores y de los atentados en Cataluña, entre otras cosas. Con esfuerzo nuestro amigo profesor consiguió refaccionar su casa. Estaba satisfecho y nos alegramos con sus éxitos personales. Regresamos a casa y continuamos con nuestras inquietudes: uno de nosotros, estudiando al pueblo kukama en los s. XVII y XVIII; otro, preparando unas clases sobre teoría decolonial (aunque sin práctica, lo decolonial es un brindis al sol). Los cristianos neotestamentarios realizaron prácticas decoloniales en el imperio romano. Cuando olvidamos estas experiencias podemos convertirnos nosotros en explotadores, como en el “descubrimiento”.

Al poco de estar realizando nuestras tareas llegó un conocido de Masusa pidiendo agua bendita e invitándonos a visitar a un “endemoniado en Masusa”. No le aceptamos porque teníamos concertada una visita con gente del Marañón en media hora. Quedamos en visitarlo por la tarde. Así que nuestro amigo se fue llevando el agua bendita. Y en 15 minutos regresó con el endemoniado y dos de sus primas. El “endemoniado” es un muchacho de 13 años que había gritado en su casa y tenía una fuerza descomunal. Viéndose superados buscaron apoyo trayéndolo a la parroquia. Los padres del muchacho se han separado en diciembre pasado, la mamá se ha ido con otro hombre. El papá trabaja en Masusa de estibador, un trabajo muy duro. Como consecuencia de la separación de sus padres, el muchacho no pudo matricularse este año porque en el colegio no paran de pedir dinero para copias, trabajos, cuadernos, lapiceros… Y no hay oportunidad. Se quedó en segundo de secundaria. Cuando llegaron a la parroquia el muchacho tenía los ojos cerrados y no hablaba. Con paciencia y dedicación el muchacho abrió los ojos, al principio con desconfianza y después con una mirada rápida hizo un barrido para percibir el lugar donde estaba. También conseguimos que hablara, al principio con un tono tan bajo que no podíamos comprender, pero poco a poco fue elevando el tono hasta que se hizo audible. Comenzó con monosílabos hasta que aparecieron las frases muy simples. Se notaba la distensión. Después de un rato elegimos un pasaje de la Biblia (Mc 1, 21-28) sobre un endemoniado y la curación de Jesús. Rezamos el Padre nuestro y el Ave María y con la imposición de manos dimos por concluida la conversación. Se fueron mucho más tranquilos a casa.

© Manolo Berjón 2016. Dibujo de diablo, pintado por una niña de 11 años de Versalles, distrito de Punchana.


La persona del Marañón nos tuvo que esperar más de una hora. Le explicamos la situación y nos comprendió. Nos contó algunas cosas de las comunidades y fue un momento para recordar y preguntar por algunas personas. Fue un momento de intercambio de noticias, algunas gratas y otras sorpresivas.

Cuando estábamos a punto de almorzar llamaron a la puerta y abrimos. Aparecen dos señoras que nos piden ir al hospital de ESSALUD porque una familiar suya está muy grave y “quiere casarse”. Les explicamos que podemos ir a rezar, pero casarse es un poco más complicado porque hay que tener documentos. Insisten en que es una emergencia. Preguntamos si ya está moribunda y nos dicen que no, aunque los médicos no le dan muchas esperanzas. Bueno, hemos ganado un poco de tiempo. Se tranquilizan un poco y es el momento de preguntar si están bautizados. El varón, en Nauta y la mujer en esta parroquia. Nos comprometemos a tramitar las partidas de bautismo y quedamos para las 4.00 p.m. en el hospital. Si encontramos los documentos, para casarlos; si no los conseguimos, iremos a rezar. Así quedamos.

Llamamos por teléfono a Nauta para solicitar la partida de bautismo. La obtenemos. Por mientras también conseguimos la partida de la mujer. Elaboramos el expediente matrimonial. A las 3.30 p.m., una señora nos visita para solicitarnos ir a rezar a una amiga en otro hospital. No le podemos aceptar porque ya hemos quedado para 4.00 p.m. con esta pareja. Le derivamos a la parroquia cercana al hospital donde está su enferma para que le acompañe un sacerdote. Después de terminar el expediente matrimonial nos vamos al hospital. En la entrada los guardianes nos piden abrir la bolsa donde llevamos una Biblia y los utensilios para atención espiritual de los enfermos, incluido un matrimonio de emergencia. Cuando pasamos el control escuchamos que sus compañeros le dicen: “no te pases, cómo le vas a decir así al padrecito”. Y se ríen. Nosotros también nos reímos. Un guardián nuevo que no nos conocía.

La puerta de la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) está llena de gente. Nos presentan al novio. Mantenemos una breve conversación. Le preguntamos si verdaderamente quiere casarse. El novio, nervioso y con mucho dolor, nos dice: “padre, es a la mujer que quiero; llevamos conviviendo 15 años”. Conversamos con las dos mujeres que vinieron al principio a la parroquia para pedir el matrimonio de emergencia, para que ejerzan de testigos. Quedamos en que entraríamos a la UCI el novio, las dos testigos y un sacerdote. La enfermera nos dice que “sólo puede entrar el padre y un familiar”. Le explicamos que se van a casar y sería necesario, al menos, un testigo. La enfermera nos pide que esperemos un momento. Pasados unos minutos sale y nos dice que pueden pasar dos testigos, el novio y el padre.

Entramos. Nos colocamos la ropa y zapatos adecuados para visitar a un enfermo en la UCI. Con la mayor dignidad posible realizamos la ceremonia. Las oraciones oportunas y los novios se cogen las manos. Las enfermeras quedan en segundo plano, también rezan. Terminamos la ceremonia y el novio llora un momento. Es un hombre muy fuerte, pero el momento es tristemente emotivo. Firmamos los documentos del matrimonio. Nos despedimos y salimos.

Regresamos a casa. Es el momento de nuestro paseo. Ahí comentamos las incidencias del día. La gente nos ve caminar por la calle y no comprende que, si podemos ir en motocarro, nos dediquemos a pasear. Pero queremos pasear, necesitamos pasear. Aunque en Punchana no hay veredas ni caminos donde se pueda pasear sin dificultad. Hay que esquivar motocarros, motos y omnibuses, sortear huecos y veredas desiguales.

Regresamos a la casa y nos bañamos para bajar a celebrar la eucaristía de las 7.00 p.m. Comemos algo y a las 8.00 p.m. atendemos a un grupo de catequesis de adultos. Es preciso dedicar tiempo a la formación cristiana. Concluimos y descansamos un rato antes de ir a dormir. Una jornada intensa.

El sábado 19 nos hemos comprometido para celebrar la misa en la iglesia Matriz a las 6.30 a.m. Paramos un motocarro y nos quiere cobrar S/. 4.00, así que decidimos no subir, dejar ese motocarro y pedir otro. Enseguida llega otro motocarro y nos lleva por S/. 2.50. Está bien que seamos blancos, pero eso no nos parece un dato sustancial para que nos quieran cobrar justo el doble que a otra persona con rasgos más amazónicos. Regresamos en ómnibus: la velocidad que alcanza parece un formula 1 y los huecos de las calles nos hacen saltar en el asiento, no precisamente de alegría. La música a todo volumen no parece preocupar a nadie en el ómnibus, nuestros oídos están espantados.

Desayunamos y nos vamos al hogar de menores de varones. Como todos los sábados rezamos una media hora con los muchachos. Hace 3 años, cuando comenzamos a visitarles era difícil, ahora nos hemos ido acostumbrado unos a otros. Se trata de respetar, de leer un pasaje bíblico, reflexionar un poco y pensar sobre nuestra propia vida. Rezamos y concluimos imponiéndoles las manos, y los niños a nosotros: para recibir la fuerza de Dios. Después visitamos el hogar de menores de mujeres. Acá nos traen siempre una bandeja con agua y una ramita, así que bendecimos a las que desean. Regresamos a la casa y nos ponemos a estudiar.

Llaman a la puerta. Nos visita una persona que quiere saludarnos. Nos regala un champán amazónico. Al poco tiempo llega otra vez el “endemoniado”. Lo trae en brazos su prima de 14 años, pero que parece más mayor. Comenzamos a conversar. El muchacho llega después de una crisis. Poco a poco abre los ojos y comienza a conversar con monosílabos. Las primas nos narran ligeramente su vida. La de 14 años también ha sido abandonada por su mamá el año pasado: “se fue con otro hombre”. Aprovechamos la oportunidad para indicar que no podemos elegir lo que nos sucede, pero sí cómo afrontarlo. No podemos elegir que nuestra mamá se quede en casa. Pero podemos elegir deprimirnos y hundirnos, o salir adelante, como la prima. No es fácil, duele mucho, pero nos pareció un ejemplo cercano al muchacho. Su otra prima estudia en el Tecnológico. En un lugar como Masusa es digno de resaltar cuando una señorita consigue estudiar. Otro dato fundamental de personas que luchan denodadamente para salir adelante. Decidimos aprovechar la resiliencia de sus primas para indicar al muchacho la necesidad de pelear la vida. Después de un rato de conversación, terminamos rezando. Les prometemos que iremos en la tarde a visitarles.

Llega la hora del almuerzo. Durante el descanso recibimos una llamada de Nueva Alianza, en el Marañón. Nos cuentan más del derrame de petróleo en julio 2017. Les asesoramos y preguntamos por algunos conocidos. Son personas muy importantes para nosotros. En la tarde visitamos de nuevo el hogar de menores, en la sección de madres adolescentes. Están a punto de salir para realizar un baile en un lugar público de la ciudad. Rezamos brevemente. Nos preguntan si es pecado pintarse. Varias de ellas se han pintado los labios y los ojos. Contestamos que no y que deben bailar bien para que todo el mundo les aplauda. Se ríen. Salimos del hogar y regresamos a casa. El espacio que habitan es reducido y hay hacinamiento, no tienen lugar para que jueguen sus hijos. Pareciera que los jueces aparcan en el hogar a los adolescentes, sin preocuparles lo que allí sucede.

Foto tomada de internet.

Nos preparamos para ir a visitar la casa del “endemoniado”. Al  llegar le vemos jugando vóley con sus primos. Lo cual es una excelente noticia. Llamamos a la casa y nos recibe una señora que está expectante, sabe quiénes somos pero no nos conoce. Comenzamos una conversación de presentación. Se acercan los niños y bromeamos con ellos, porque nos remedan. Hacemos alusión al paucar, un pájaro que imita sonidos. Todos nos reímos. Después de un rato hacemos una ronda de juego-presentación. Les invitamos a rezar y bendecimos la casa. La casa es pequeña pero bien ordenada y limpia. En una habitación están amontonados muchos cubos. Los utilizan para recoger agua, en esta zona no hay agua potable, la tienen que comprar. La señora, tía del muchacho, nos invita a una gaseosa y comienza a comentarnos su relación con una parroquia en el lugar donde ella vivía anteriormente. Se nota agradecimiento. Cuando estamos para salir nos regalan dos trozos de cake. Es evidente que conciben nuestra presencia y bendición de la casa como una protección. No pensaban que cumpliéramos nuestra promesa de visitarles.

Continuamos caminando. Nos llaman para invitarnos a un vaso de chicha. Declinamos la invitación, pero retrocedemos y, aunque no tenemos sed, aceptamos para no rechazar la oferta. Nos invitan porque es una forma de pedir la bendición a Dios y que recemos por ella y su familia. Conversamos un ratito sobre el negocio. Está bajo, de hecho la mujer que nos invita sólo hace comida los fines de semana. Le agradecemos y nos despedimos. Continuamos caminando por Masusa, cuando una rata, del tamaño de un dromedario, sale a pasear por la vereda. La calle está abarrotada de gente, la rata está acostumbrada. Regresamos, nos bañamos y bajamos a la misa. Los sábados por la noche acompañamos a un grupo de universitarios, pero esta noche nos avisaron que tenían otra programación. Vemos un rato televisión y conversamos de todo un poco. Nos vamos a descansar.

El domingo comenzamos con la misa dominical a las 7.00 a.m. en la parroquia. Hoy nos acompaña un joven agustino loretano recién ordenado sacerdote, él presidirá la eucaristía. Mientras esperamos la hora conversamos sobre sus estudios en teología fundamental. Nos cuenta sobre su curso de teología de la creación en diálogo con la ciencia actual y las teorías del big bang, entre otras. Nos narra algunas anécdotas de sus profesores, que son nuestros compañeros y nos reímos. Al concluir la misa solemos acompañar a las capillas de Masusa, pero este domingo es diferente, tenemos un compromiso con la Fraternidad Agustiniana, un grupo de adultos laicos que siguen la espiritualidad de San Agustín. Después del almuerzo regresamos a casa. Descansamos un rato.

Llaman al timbre. Salimos. Dos mujeres. “Queremos hacer hablar una misa de honras”. Esta expresión delata su ascendencia indígena. Les hacemos pasar. Preguntamos por quién vamos a rezar. Nos dan un nombre con dos apellidos blancos. Sin embargo, su fisonomía y su lenguaje revelan su condición indígena. Preguntamos quién era. “Una señorita de 14 años, se ha ahorcado hace 8 días”. Nos sentamos. La mamá se separó de su marido hace años. Como todos los días se fue temprano al mercado para vender pescado. A las 9.00 a.m. le llama una vecina diciendo que su hija se ha ahorcado. Entró en shock. Tuvieron que llevarla a casa. Otra hija de 18 años, y embarazada de 7 meses, encontró a su hermana colgada de la soga. Se subió a una silla y quiso romper la cuerda, no pudo y se cayó. Gritó, acudieron los vecinos, cortaron la soga y la llevaron al hospital. Llegó todavía viva, pero al poco tiempo falleció. El papá se encargó del velorio. La mamá continuaba en shock. Hoy pedían “hablar una misa de honras en su nombre”. Durante esta semana la mamá se enteró que su hija decía que iba a viajar lejos. La distancia, para los indígenas, es una forma de muerte y “viajar lejos” es una metáfora muy utilizada por quien se va a suicidar. 

Un compañero, que ha venido de lejos, nos pidió presidir la eucaristía. Aceptamos con gusto. El evangelio de hoy nos relata el episodio de la siro-fenicia (Mt 15, 21-28). Interpretar el texto bíblico al margen de su contexto social, político, económico, étnico, de género… y reducirlo a lo que médicamente hoy denominamos epilepsia, nos parece desnaturalizarlo. Se le ha colado el individualismo occidental. De esta manera conseguimos que no resuene en nuestro mundo amazónico donde los demonios esconden contextos de exclusión.

Hemos salido a dar nuestro paseo. Regresamos, nos bañamos y celebramos la misa. Después vemos Cuarto Poder y nos vamos a descansar. Esta pretendida radiografía permite ver algunas cosas, otras permanecen opacas.