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miércoles, 7 de noviembre de 2018

LA EUCARISTÍA (II). Notas sobre el sínodo panamazónico



Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas

Es importante que las comunidades cristianas puedan acceder a la eucaristía. Para ello se precisa de planteamientos atrevidos. Pero, en esta nota, vamos a partir de los lugares donde ya se celebra la eucaristía: centros poblados donde hay presencia de algún sacerdote y las ciudades. No es baladí la paradoja siguiente: un maderero, petrolero… puede explotar una comunidad indígena y, cuando llega a la ciudad, comulgar en su parroquia.



La manera occidental de comprender la danza sugiere una expresión cultural más. Sin embargo, para los amazónicos la danza está inserta en un mundo animista, lo que le proporciona un asentamiento vital diferente. Para los que tengan reticencia a lo que estamos diciendo les pedimos que contemplen las catedrales e iglesias europeas anteriores a Trento y se sorprenderán con la cantidad de sirenas, faunos y demás seres mitológicos. Fue Trento quien suprimió toda esta simbología. No se trata de introducir elementos en la liturgia con un afán snob, sino de permitir que los cuerpos cristianos manifiesten el gozo y su ser cristiano con su propia manera de comprender la vida. Nosotros lo percibimos como una conversación con las culturas locales. Un ejemplo puede aclarar nuestra posición: en el pueblo kukama prácticamente se han perdido las danzas tradicionales. Sin embargo, las “veladas tradicionales” [se coloca un santo católico delante y la gente se pasa la noche danzando] es uno de los pocos espacios que ha supuesto un nicho ecológico para estas danzas, con sus músicas típicas. Es un espacio laical que la jerarquía eclesiástica permite y donde se recrean las cosmologías y el animismo relacional indígena. A nosotros nos parece que estas danzas en las veladas tradicionales son espacios de resistencia y creación indígenas.

La danza es un espacio de expresión corporal más allá de lo discursivo, algo esencial en la liturgia. No se trata únicamente de introducir danzas en las eucaristías, por ejemplo, en la procesión de ofrendas. En nuestra opinión, no sería suficiente. Proponemos, más bien, pensar los elementos de la danza en la misma eucaristía: los cuerpos en movimiento, el tiempo que incluye el ritmo, la energía, el espacio. Eso permitiría ir más allá de la celebración de la liturgia latina donde el cuerpo recibe un tratamiento más sosegado, buscando una interioridad [los cuerpos amazónicos se construyen desde la exterioridad], unos cuerpos más formando una masa que personas en movimiento… En fin, lo dejamos como sugerencia: pensar la liturgia desde los elementos de las danzas indígenas.

Los occidentales tendemos a enfatizar el discurso, empobreciendo de este modo la liturgia. Las celebraciones habitualmente son realizadas en la lengua nacional. La asamblea responde, pero suele tener un rol más bien pasivo. El idioma es otro asunto importante. En cada ciudad todos comprenden el idioma nacional y mayoritariamente tienen estos idiomas nacionales como lengua materna. Pero, incluso en estas circunstancias no es fácil establecer la comunicación. La gramática que está detrás de los predicadores y de la asamblea generalmente no coinciden. Los predicadores suelen tener gramáticas nacionales en sus cabezas (es lo que aprendemos en los seminarios, entre otros lugares) y la asamblea suele tener gramáticas indígenas, o una gramática nacional impregnada de gramáticas indígenas. Los idiomas indígenas, en nuestra opinión, continúan vertebrando las vidas de las personas, más allá de que estas mismas personas ya no comprendan los idiomas indígenas. Pero no solo la gramática, también el animismo. Las ontologías de las lenguas nacionales suelen ser esencialistas, mientras que las ontologías indígenas son más bien transformativas. Un ejemplo: la conversión para un occidental implica un cambio de mentalidad (el alma, de alguna manera), mientras que para un indígena primeramente se produce en el cuerpo: cambio de ropa…

En las asambleas litúrgicas el presidente suele dirigir la palabra, la homilía, a una masa anónima, mientras la comunicación indígena es más personalista. Esto implica que no llegamos al corazón. La unidireccionalidad del discurso revela la desigualdad y la distancia entre el predicador y los feligreses. Algo que choca contra la forma indígena de relación. Los ejemplos de los predicadores, y nos incluimos, suelen estar tomados de mundos diferentes al amazónico, lo cual dificulta la comprensión del mensaje.

En todo este proceso, los ministerios son clave. El acceso de los indígenas a los misterios conlleva un cambio radical en la comprensión de la misma iglesia. Sin embargo, no nos parece suficiente. Es posible incorporar a los indígenas a los ministerios y no producirse un verdadero cambio en el modo de comprensión de la iglesia. La “iglesia con rostro amazónico” y “rostro indígena”, siendo bellas expresiones, pueden ocultar un problema de “colonialidad de poder”. Las poliontologías indígenas deben entrar de lleno en la iglesia. La “colonialidad del saber”, inoculada en los seminarios, puede entorpecer una iglesia plural con características indígenas más allá de la pura estética. No se trata del rostro, sino del corazón. Aunque el rostro “puede ser” el reflejo del corazón.

martes, 10 de julio de 2018

A VUELTAS CON LAS CIUDADES AMAZÓNICAS. Notas sobre el sínodo panamazónico.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


“Actualmente entre el 70% y 80% de la población de la Panamazonía reside en las ciudades”, afirma el documento preparatorio para el Sínodo Panamazónico. En otras palabras: la situación de la Panamazonía se juega en las ciudades. Nada novedoso: según el Banco Mundial[1] la población urbana mundial en 2017 está en torno al 55%. Recorriendo los países panamazónicos nos encontramos con la siguiente población urbana: Perú (79%), Brasil (86%), Colombia (77%), Ecuador (64%), Venezuela (89%), Surinam (66%), Guyana (29%), Guayana Francesa (sin datos) y Bolivia (69%).

© Miguel Angel Cadenas 2017. Comunidad cristiana en el puerto fluvial de Masusa - Iquitos.


Pero centrémonos en el documento preparatorio para el Sínodo Panamazónico[2].  Las palabras ‘ciudad’, ‘urbano’ y ‘metrópoli’ aparecen únicamente en la primera parte del documento: en el ver. Todo esto nos está indicando la falta de cohesión interna del documento. En otras palabras: que tiene varias manos. De hecho es notoria la diferencia entre las partes.

-          La palabra ‘ciudad’ aparece una primera vez en el primer párrafo del preámbulo y las cinco veces restantes en dos párrafos del ver dedicados a la ‘diversidad socio-cultural’. Daría la sensación que han sido colocados a propósito, pero no parecen permear todo el documento, como nos hubiera gustado que sucediera.

-          ‘Urbano’ aparece en 5 ocasiones. Tres de ellas aparecen en el ver. Dos de ellas en el epígrafe sobre ‘diversidad socio-cultural’ y uno en ‘identidad de los pueblos indígenas’. Las dos veces restantes aparecen en las preguntas sobre el ver.

-          ‘Metrópoli’ aparece una sola vez en el preámbulo.

Se nos dice que el crecimiento de las ‘ciudad(es)’ en la amazonía ‘ha sido muy rápido’. Se cita a ‘migrantes’ y ‘desplazados’ que se han ubicado en sus periferias y que ‘avanzan hacia dentro de la selva’. Se habla de las ‘desigualdades sociales’ y de la ‘producción de la pobreza’. Con el término ‘urbano’ se añade a lo anterior un ‘desarrollo’ no ‘integral’ ni ‘inclusivo’. Y lo que nos parece más novedoso: ‘aparece una nueva categoría constituida por los indígenas que viven en el tejido urbano, algunos reconocibles como tales y otros que desaparecen en ese contexto y por ello son llamados invisibles’. La palabra metrópoli aparece en el preámbulo sin mayores pretensiones.

Cada una de estas afirmaciones daría para comentarios enjundiosos, pero no podemos hacerlo en este espacio. Es interesante que en un documento preparatorio se perciba cómo las ciudades avanzan hacia el interior de la selva y cómo la pobreza es una construcción social e histórica, algo que es producido. Nos gusta especialmente la ‘nueva categoría’ de indígenas que viven en el ‘tejido urbano’, incluso aunque sean ‘invisibles’. Tejer es una poderosa metáfora que en la Amazonía adquiere dimensiones especiales. Todos los pueblos indígenas han tejido por miles de años con hojas de palmera, algodón… No estamos tan de acuerdo que sea una ‘nueva’ categoría. Un único ejemplo: aunque la ciudad de Iquitos, desde donde escribimos, pretenda remontar su origen a un puerto de la Marina de Guerra del Perú, que sin duda tiene su importancia, no se puede tapar el sol con un dedo. En su mismo nombre aparece el pueblo indígena ikito, que fue desplazado, agredido e invisibilizado.

Sería el momento de definir las palabras. Qué entendemos por ciudad, urbe y metrópoli. No se trata únicamente de copiar las definiciones de estas palabras provenientes de algún diccionario. En la selva tienen connotaciones propias. Pero esto nos llevaría muy lejos. Así que vamos a ver únicamente dos puntos que nos permitan aportar nuestra contribución.

Nos atrevemos con un desplazamiento que nos permita mirar desde fuera. Reflexionando sobre una ciudad actual no amazónica se dice lo siguiente: “es un agregado indígena y noindígena -un circuito de conexiones que no forman una unidad homogénea, pero donde los fragmentos que la componen aparecen en cada otro, incluso aunque ellos sean también diferentes. En consecuencia,… la distinción entre ‘yo colonial’ y el ‘otro colonizado’ no excluye otras similaridades, incluso si la distinción está repleta con el poder de las diferencias y las jerarquías sociales violentas”.

Nos parece una descripción tan redonda que renunciamos a comentarla. Pedimos al lector que se pare un poco a pensar cada una de las afirmaciones que se hace en ella. Se refiere a la ciudad de Cuzco. No se trata de pensar la amazonía desde la sierra, lejos de nosotros. Los indígenas de Cuzco, el mismo trazado urbano de la ciudad, y las temporalidades que en ellas habitan, son absolutamente diferentes de las ciudades amazónicas. A nosotros nos hubiera gustado dar con una definición similar para la ciudad de Iquitos donde vivimos. La autora de dicha descripción es una antropóloga peruana afincada en Estados Unidos: Marisol De la Cadena. Sus afirmaciones sobre ‘cosmopolítica’ nos parecen muy acertadas, aunque no nos detendremos más en ella.

La otra referencia que nos parece sugerente proviene de Cecilia McCallum, una antropóloga que trabaja con los Cashinahua o Huni Kuin. Refiriéndose a los jóvenes habla de un ‘compromiso poliontológico’: los jóvenes ya no tienen un sentido pragmático o estratégico de los idiomas nacionales, sino que están inmersos en un ‘compromiso poliontológico’. Puede verse nuestro post: http://almainconstante2.blogspot.com/2018/04/poli-ontologia-poli-que-hacia-el-sinodo.html

En las ciudades se juega el futuro de la evangelización de la Amazonía. Si la Iglesia continúa teniendo una visión occidental de la amazonía, el sínodo panamazónico nacerá muerto. Mucho nos tememos que la Iglesia se sienta cómoda en las ciudades, donde aplica una pastoral pensada en otros espacios y otros tiempos. Pensar la ciudad es un imperativo para la Iglesia actual. Pero no se trata de pensar la ciudad en general, sino de las ‘ciudades amazónicas’ en concreto, donde el ‘tejido urbano’ posee características propias. ¿Cuántas iglesias son adornadas con patiquina [Dieffenbachia obliqua]? Lo hemos visto en la catedral de Iquitos en varias Semanas Santas. ¿Cuántos cristianos comulgan con sus dedos índice y pulgar como una ‘apropiación de lo extraño’? ¿Cuántos cristianos recibimos la comunión y negamos la territorialidad integral de los pueblos indígenas o justificamos la no existencia de indígenas aislados para favorecer a las industrias extractivas y la expansión de este capitalismo voraz? ¿Cuántas familias carecen de agua potable y desagüe? ¿Cuántas personas están privadas de libertad sin comprender los razonamientos occidentales por los cuales les han llevado a la cárcel? ¿Cuándo tenemos en cuenta los sueños en nuestra pastoral? ¿Cuándo nos hemos parado a pensar que los sacerdotes, obispos… somos vistos como chamanes? ¿Cuántas familias tienen a parte de sus miembros en los ríos amazónicos y otra parte en la ciudad para comerciar con especies nativas de pescado, madera, aguaje…? En fin, pensar la ciudad amazónica y la poli-ontología nos parecen dos aspectos dignos de ser tenidos en cuenta.

Buscar una solución a la eucaristía en lugares donde no hay sacerdote puede ayudar mucho a la Iglesia amazónica. Pero tengamos en cuenta que eso, con ser importante, puede dejar a la Iglesia amazónica intacta dado que la mayoría de sus cristianos habitan en las ciudades. Por tanto, no se trata únicamente de resolver esta difícil situación de las comunidades más alejadas, como se concede un derecho a la diferencia en el multiculturalismo occidental, sino de proponer el cristianismo en medio de las poliontologías y dejarse permear por ellas, también en las ciudades.



lunes, 18 de junio de 2018

APORTES AL DOCUMENTO PREPARATORIO DEL SÍNODO PANAMAZÓNICO


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


El documento preparatorio para el sínodo panamazónico consta de tres partes, para ello utiliza el método clásico: ver, juzgar/discernir y actuar. En nuestra opinión la primera parte es la mejor construida. Aunque tenemos algunas objeciones que queremos compartir. La segunda parte, sobre el juzgar, es una amalgama de citas bíblicas que nos parece mejorable. Y la tercera parte, sobre el actuar, tiene como centro la eucaristía y los ministerios.


© Manolo Berjón, 2014

Nos gustaría comenzar con un poco de historia. La periodización que avanzamos nos sirve como una propuesta, no como un dato acabado y refinado. Dividiremos la presencia de la iglesia en la Amazonía, de forma genérica, en tres periodos: del s. XVI al s. XIX; el siglo XX “largo o ampliado” y la actualidad. En este avatar histórico la iglesia se ha ido estableciendo en la Amazonía desde el exterior. Comenzamos con algunos focos importantes de entrada de misioneros a la Amazonía. Faltan muchos datos, pero esto no es un tratado de historia, es simplemente una propuesta que nos permita comprender en qué situación nos encontramos.

a)       Santa Cruz de la Sierra: obispado creado en 1605:
a.       Los jesuitas:
                                                               i.      Dependientes de la provincia del Perú se establecen en Moxos en 1682
                                                             ii.      Dependientes de la provincia del Paraguay se establecen en Chiquitos en 1696
b.       En el siglo XX de Santa Cruz de la Sierra se escinden:
                                                               i.      en 1917 el vicariato del Beni,
                                                             ii.      en 1919 el vicariato apostólico del Chaco, hoy denominado Camiri,
                                                           iii.      en 1930 el vicariato de Chiquitos, hoy denominado San Ignacio de Velasco;
b)      Quito: en 1639 los jesuitas de Quito llegan a Maynas;
c)       Carúpano (Orinoco, Venezuela): en 1650 llegan los capuchinos;
d)      Santa Rosa de Ocopa: fundación franciscana de 1725 en Junín (Perú). Después de la salida de los jesuitas de Maynas, visitan el Huallaga, Marañón, Ucayali, que posteriormente abandonan y se centran en la zona de la selva de Cusco y Madre de Dios.
e)      Belén do Pará: en 1748 construyen la catedral Nuestra Señora de Gracia;
f)        Chachapoyas: obispado creado en 1843;
g)       Nueva Pamplona (Colombia) (obispado creado en 1835)
a.       en 1928 se escindió la prefectura apostólica del río Magdalena, hoy denominada diócesis de Barrancabermeja;
b.       en 1951 la prelatura territorial de Bertrania en el Catatumbo, hoy denominada diócesis de Tibú)
h)      Obispado de Guayana (Venezuela) (creado en 1790);
i)        En 1892 se creó la diócesis de Amazonas, con sede en Manaus.


Los portugueses penetran desde la costa del Atlántico en la Amazonía. Jesuitas, franciscanos y otras órdenes religiosas incursionaron por el Amazonas en la parte brasileña. Existen otras sedes episcopales que no hemos señalado. La idea no es hacer un recuento de la historia, eso queda para los especialistas. Nuestra pretensión consiste en marcar tres etapas que nos permita comprender en qué situación nos encontramos:

1.       Siglos XVI-XIX: es la etapa colonial y la independencia de las colonias. Los misioneros que llegaban a la amazonía dependían de sedes episcopales que se encuentran fuera de la amazonía, generalmente bordeándola. En esta etapa se produce un cambio de dependencia de las metrópolis europeas a los estados-nación americanos.

2.       Siglo XX “largo o ampliado”. Proponemos su comienzo en 1892, con la creación del obispado de Amazonas con sede en Manaus y concluye en 2019, con el sínodo panamazónico. En esta etapa la iglesia se alía con los estados-nación y crea las diversas diócesis y vicariatos. Es una etapa de implantación de la iglesia en el territorio amazónico. Son las órdenes religiosas las que responden tanto del personal como de la economía. Pero con la crisis vocacional occidental esta etapa se está cerrando. Una de sus pretensiones fue “civilizar” a los indígenas. La creación de las actuales ciudades suele coincidir con un puesto de misión al que poco a poco se fueron incorporando diversos funcionarios estatales para terminar creciendo poblacionalmente hasta construir la ciudad. Tengamos en cuenta que el s. XIX son las independencias de las colonias, y una vez concluida esa etapa, tanto la iglesia como los estados-nación, comienzan a mirar la amazonía para ocupar su espacio, normalmente con colonos venidos de fuera.  

3.       A partir del sínodo panamazónico. Es una iglesia que pretende cambiar su rostro occidental para adquirir un “rostro amazónico” y un “rostro indígena”. Digamos que desea despojarse de su “colonialidad”: una vez conseguidas las independencias políticas nos queda el patrón estructural de poder de la modernidad, del que ahora se desea despojar. En esta tesitura los ministerios juegan un papel claro. Quién los detenta y cómo se ejerce el poder es básico para lograr la decolonialidad: pensar y actuar con criterios diferentes a los acuñados en la modernidad occidental. Esta etapa exige planteamientos diferentes. Ya no se camina al lado del estado-nación sino que se pretende situar en las fronteras para transformarlas y tejer redes transfronterizas. La idea clave es “ecosistema”: la comunidad de seres vivos que se relacionan entre sí y se desarrollan en función de los factores físicos de un mismo ambiente. En breve: si se contamina una cuenca en Perú, Bolivia, Ecuador… termina perjudicando también a Brasil. Si se contamina en el Amazonas brasileño los grandes zúngaros ya no surcarán el amazonas, perjudicando también los territorios de los pueblos indígenas en Colombia, Perú… Los ecosistemas carecen de pasaporte. El documento utiliza también la palabra “interdependencia”. En tiempos de cambio climático, o nos salvamos todos o todos perecemos.

Es decir, la primera etapa (s. XVI-XIX) las misiones dependen de sedes episcopales que están fuera de la amazonía; la segunda etapa (s. XX “largo o ampliado”) la iglesia asienta las sedes episcopales en territorio amazónico; y la tercera etapa (actualidad) se produce la decolonialidad del poder, con las metáforas de Francisco en Puerto Maldonado recogidas en el documento preparatorio: una iglesia “con rostro amazónico” y “con rostro indígena”.

Bosquejado este sucinto repaso histórico nos centraremos a continuación en la primera parte del documento: el ver. Nos parece que es lo mejor del documento. Nos ha gustado aunque tenemos algunas objeciones:

1.       Es demasiado occidental. Se ha elegido la “escritura” como vehículo de comunicación. Incluso se elogia que algunos indígenas están escribiendo sobre sus pueblos. Esta alineación con la “ciudad letrada” nos parece poco adecuada, sobre todo ahora que los medio audio-visuales permitirían una mejor llegada a todas las comunidades, para que también pudieran participar en la preparación del sínodo. Esta apuesta por la escritura deja fuera a la mayoría de la gente en la amazonía. Es necesario revertir esta situación, todavía estamos a tiempo. Aunque los medios audio-visuales tienen otros parámetros diferentes de la escritura, no basta con colocar una cámara delante de una persona leyendo (sería nefasto), es posible y deseable intentarlo. Tal vez ya no tanto para hacer aportes al sínodo, como sería ideal, sino como un instrumento que prepare el post-sínodo, establecer redes que permitan a las comunidades “adueñarse” de la iglesia. Es decir, no estamos pensando tanto en el sínodo, como en la sinodalidad.

2.       Los indígenas son los otros, y son otros un tanto dulcificados. Se utiliza la expresión “buen vivir” y se evitan los conflictos. Nunca se dice lo que significa "buen vivir". Un sólo ejemplo: para los paumari brasileños "buen vivir" implica parasitismo: se juntan con algún patrón para de esta manera chupar su sangre. No se consideran víctimas. En definitiva, se ha tomado partido por una escuela antropológica. Nos parece que el documento destila la imagen del “buen salvaje”. En nuestra opinión esto no ayuda en nada a los indígenas y a la propia iglesia. Es como si se tratara de dejar en segundo plano los elementos que no son cómodos. Este irenismo nos parece perjudicial. Todo misionero sabe en carne propia de las luchas internas en cada comunidad y en cada pueblo indígena. En nuestra opinión no ayuda nada la elección del término “Pueblo de Dios” para referirse a la iglesia, en detrimento de “Cuerpo de Cristo” que ni siquiera se nombra. Pero esto será objeto de otro post.

3.       Estamos completamente de acuerdo con la siguiente afirmación del documento: ‘Aunque ser indígena no se deriva únicamente de su pertenencia étnica y también se refiere a su capacidad para mantener su identidad sin aislarse de las sociedades que les rodean y con las cuales interactúan’. Sin embargo, nos sorprende que se hable de “tres millones de indígenas”. Un documento preparatorio no tiene porqué explicitar de dónde sacan esta cifra de indígenas, cuáles han sido los criterios utilizados. Pero nos parece preocupante por lo siguiente:

a.       Nos parece un número muy reducido que no responde a la realidad. El problema, tal como nosotros lo concebimos, es que termine siendo una minoría a la que realizar algunas concesiones para que todo siga igual.

b.       Mucha gente que habita las ciudades, en porcentajes muy altos en nuestra opinión, participan de lo que podemos denominar ‘poli-ontologías’. Se pueden manejar como occidentales, pero cuando llegan la crisis (enfermedad, muerte…) acuden al sistema que les da más seguridad: las creencias indígenas. No en vano el chamanismo permea las sociedades amazónicas. Es frecuente, incluso, que la segunda generación de migrantes europeos presenten este tipo de poli-ontologías. Esto plantea interrogantes interesantes a la pastoral de la iglesia. Hasta ahora han sido tratados como occidentales, cuando en la práctica pastoral diaria comprobamos que no es así. Si tenemos en cuenta, como dice el documento, que el 70 u 80% de la población amazónica habita en ciudades, es fundamental que tomemos este dato con toda seriedad. Estas poli-ontologías nos permiten situar lo indígena, en nuestra opinión, más allá de la etnicidad. Para el tema de la poli-ontología se puede ver en este mismo blog: http://almainconstante2.blogspot.com/2018/04/poli-ontologia-poli-que-hacia-el-sinodo.html

Continuaremos haciendo algunas propuestas.

miércoles, 18 de abril de 2018

POLI-ONTOLOGÍA, ¿POLI-QUÉ? Hacia el sínodo panamazónico.


Manolo Berjón
Miguel Angel Cadenas


Visitábamos la comunidad de Nueva Unión, una comunidad kukama en el distrito de Parinari, provincia de Loreto, río Marañón. Le preguntábamos a la madre del Animador Cristiano cuántas almas tenemos. Y contestó rápidamente: “una”. Nos quedamos en silencio y volvimos a la carga: “pero a nosotros nos han dicho que hay tres”. Y comenzó una conversación interesante.

"Domesticando al patrón". Dibujo en una pared del colegio Nuestra Señora de Loreto de Nauta, cortesía de Radio Ucamara.

No ha sido la única ocasión que nos contestan lo que consideran que deseamos escuchar: “un alma”. Pero una vez que damos algunos datos y nos consideran interlocutores válidos, entonces nos cuentan lo que preguntamos y conseguimos mantener una conversación donde el respeto, la admiración y la elegancia hacen su aparición. Aunque no siempre conseguimos llegar a este nivel. En otras ocasiones, la preocupación, la falta de empatía o el estar haciendo otra cosa son barreras difíciles de traspasar.

De igual manera sucede en la ciudad de Iquitos. Todas las personas parecen manejarse en el mundo de los “blancos”. Incluso se burlan de lo más indígena. Pero cuando aparecen las crisis (enfermedad, muerte, dificultad seria…) entonces todo el mundo vuelve a lo que le da sentido, orientación y seguridad. En muchas oportunidades hemos visto cómo la gente se ríe del tunchi [espíritu del muerto], o que no creen en un más allá. Pero cuando llega la crisis, entonces le escuchan al tunchi o son capaces de ver a los espíritus, y hasta de fotografiarlos.

Iquitos no sería la misma sin su barrio de Belén, lugar donde se asienta su mercado más emblemático. Y en el corazón de Belén se encuentra el pasaje Paquito: un lugar donde acude toda la ciudad. En él se venden toda clase de remedios, plantas, preparados… para situaciones dispares: desde “amarres” a “olvidos”, desde “resfríos” hasta “curas del sida”…

Con estas experiencias postulamos que las personas, en una ciudad como Iquitos, se manejan tanto en una sociedad blanca, donde la realidad es lo que vemos y poco más, como en una sociedad indígena donde la realidad es lo que vemos y otros seres que no podemos ver, pero que sí percibimos: los espíritus. Esta realidad blanca y/o realidad indígena son formas de ser, formas de estar en el mundo.

Lo que hay o no hay en el mundo podemos denominarlo como ‘ontología’. Muchos occidentales pecan de una ‘ontología chata’ donde la realidad se termina confundiendo con la materia. Aunque materia sea un término difícil de definir. Mientras que el mundo indígena es más favorable para un universo poblado de seres, más allá de la pura materia: los espíritus.

Creemos que muchas personas se manejan en ambos códigos, dependiendo de su situación vital (tengamos en cuenta lo dicho sobre las crisis) y del interlocutor al que se dirige (si es considerado parte del grupo o un extraño). En tal sentido, apostamos por un “compromiso poli-ontológico”: una gran mayoría de la población puede dirigir su vida por una ontología blanca o una indígena, o ambas a la vez, dependiendo del interlocutor con el que establece relación y de la situación personal en la que se vive (la crisis).

Un lugar particular son los sueños. Los amazónicos sueñan y recuerdan sus sueños. Los pueden contar o los guardan para sí dependiendo del contenido de los mismos y de si desean que se hagan realidad o no. Los sueños son revelación en el mundo amazónico. Muchas son las personas que tratan de desentrañar su significado. Cazadores o pescadores salen a realizar sus faenas dependiendo de sus sueños. De igual manera sucede en la ciudad. Sueños donde aparecen seres como yacurunas, sirenas, difuntos, Dios, la Virgen, los santos o el propio Jesucristo. Sueños que nos remiten a ontologías indígenas.

Si, como venimos postulando, muchos amazónicos se manejan en esta ‘poli-ontología’, entonces es absolutamente necesario que se tenga en cuenta a la hora de planificar el sínodo panamazónico. Una ontología ‘chata’ no puede dar cuenta de la Amazonía y sería una imposición más que perpetuaría la colonialidad.



Nota: la poli-ontología está inspirado en el “compromiso poliontológico”. Para ello nos servimos del siguiente trabajo: McCALLUM, Cecilia (2015), Espaço, pessoa e movimento na socialidade ameríndia: sobre os modos Huni Kuin de relacionalidade. En Revista de Antropología. Vol. 58, N°1, pp. 223-256.